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6 mayo 2015 3 06 /05 /mayo /2015 18:18
Matar al padre, de AMÉLIE NOTHOMB

El títol pot resultar una mica violent, o potser molt, però no us deixeu enganyar. No és una novel·la sobre com matar a algú. Encara que sovint hi ha aquesta aparició d'elements foscos i malèvols en les novel·les d'Amélie Nothomb. Però en aquest cas la idea és molt més profunda que un simple assassinat. Aquest és un d'aquests llibres que sorpren al lector, però amb el bon sentit de la paraula. Almenys quan jo el vaig llegir em va sorprendre positivament. És una història singular, potser no la millor de l'escriptora belga, però sí una de les més reflexives i crítiques que he llegit en els últims mesos.

SINOPSI

Nothomb nos sumerge en el universo de la magia a través de dos figuras: Norman Terence, un mago célebre, y Joe Whip, que se presenta en la puerta de su casa buscando un mentor y encontrará un padre adoptivo. Y, como dicta el mandato edípico del título, entre padre e hijo se establecerá una relación que oscila entre la fascinación y la rivalidad, acrecentada por la presencia de la seductora Christina, una malabarista. ¿No es también la literatura una forma de magia, y el escritor un generoso prestidigitador que mantiene lo real en suspenso mientras dura la fábula? Pero los magos siempre guardan algún que otro truco bajo su chistera, y la historia de Joe y Norman desvelará al lector un desenlace inesperado, sorprendente.


«Un hábil juego de espejos en una novela enigmática y muy noir (Rolling Stone).


«Un libro cruel, que es también portador de ese humor puramente nothombiano» (François Busnel, L’Express).


«La escritura es depurada e incisiva, el tono vivo e inteligente, los temas son originales y sorprendentes, los personajes singulares y desconcertantes» (Joëlle Smets, Le Soir).








FRASES

 

Matar al padre            (Amélie Nothomb)



La obstinación es contraria a la naturaleza, contraria a la vida. Las únicas personas perfectamente obstinadas son los muertos.      ALDOUS HUXLEY


Reencontrarse de nuevo con el azar significa devaluarse.


"Sí, te arrebato a tu hermosa madre, a la que deseas, como todos los chicos de tu edad. Tú podrás hacer toda la magia que quieras, eso no te la va a devolver."
Si no te marchas tú, se marchará él.


A los catorce años, su primera decisión es abandonar la escuela. Sabe que no le sirve para nada.


De repente, el chico percibe que lo están mirando. Aunque está acostumbrado, siente que esta vez es diferente.


(...) -Quiero que sea mi maestro- dijo finalmente Joe.          
-No soy ni seré el maestro de nadie.     
-Pues mi profesor.   
-¿Tu profesor de qué?     
-¿De qué podría ser usted profesor?    
-¿Qué quieres aprender?
(...)   -La puerta estaba abierta. He entrado.            
-¿Quieres un vaso de leche?      
-¿No tiene mejor una cerveza?     
-No. Voy a buscarte leche.
(...)  -¿Por qué quieres ser mi alumno?    
-Porque es usted el más grande.      
-Eso no me convence.  
-Porque tengo unas manos increíbles.     
-Es cierto, pero tampoco me convence. Nunca he querido 


enseñar.
.- Toda la sabiduría que atesora, ¿quiere guardarla para usted?     
-Tengo tiempo para pensarlo. ¿Dónde están tus padres?     
-No tengo padre y mi madre me ha echado de casa. Llevo un año viviendo en 


un hotel.


Comieron sin hablar demasiado. Norman y Christina no tenían televisión. Joe se sintió muy contento con su nuevo entorno.


(...)  -Si le hubieras cerrado la puerta, lo lamentarías.     
-Es verdad.


Ya no tendría que trabajar de noche por los bares para pagar la habitación. Podría volver a ser un niño.


El objetivo de la magia es lograr que otro llegue a dudar de la realidad. (...) Así pues, la magia es para los demás, no para uno mismo.


Cuando haces las cosas como se deben hacer, a la fuerza sientes una gran satisfacción. Pero eso no significa que ése sea el objetivo.


Pero cuando se dio cuenta de que era guapa, se sintió doblemente impactado. No corría el riesgo de olvidar aquel instante. 


Y mientras hablaba, no dejo de observarla. Estaba deslumbrante. Sus ojos lanzaban destellos de luz. La delicadeza de sus rasgos la dejó estupefacto. Nunca había visto un rostro así. 


Como si aquella belleza le interpelara directamente a él, como si fuera una confidencia que se había ganado y de la que debía mostrarse digno tras haberle sido revelada.


Christina tenía un rostro y un cuerpo extremadamente delgados, sin por ello llegar a ser esquelética. Su pelo, su piel y sus ojos tenían el color del caramelo.


Su vestimenta se reducía casi siempre a unos tejanos y a la parte superior de un bikini, tanto que Joe tenía la íntima sensación de conocer su cuerpo. Sin embargo, desde el instante en el que se
enamoró de ella, aquella familiaridad física fue sustituida por el presentimiento de un misterio. Ya que enseguida que tuvo conciencia de su belleza, la amó con toda la fuerza del primer amor. Fue un 


amor de una sola pieza: desde el segundo en que nació, vino acompañado de un deseo absoluto y perpetuo.


Joe sabía que amaba a una mujer prohibida, y ésa fue la razón por la que no expresó, o lo menos posible, su amor. Sin embargo, desde la primera chispa, vivió un estado de espera -espera de no sabía
exactamente qué, o mejor dicho, de sabía perfectamente qué- y que a la fuerza tendría que materializarse algún día, ya que, de otro modo, nada tenía sentido. Los sabios afirman que nada tiene sentido.
Los enamorados poseen una sabiduría más profunda que la de los sabios. El que ama no duda ni por un instante del sentido de las cosas.


No tenía nada, sólo la inmensidad de su deseo, y eso le bastaba para creer en él. Si le hubieran preguntado qué significaba ese "él" en el que situaba su fe, habría respondido: "Un día haré el amor con
Christina y ella lo deseará tanto como yo."


(...)  -Estará un poco enamorado de ti. Y eso me tranquiliza.        
-¿Por qué?     
-Demuestra que es normal.      
-¿Acaso lo dudabas?        
-Sí. Bebe mis palabras y, al mismo tiempo, siento que desea
saltarme al cuello y despedazarme a mordiscos.


(...) -Pero dime, ¿por qué te interesan tanto las trampas?           
-Tú mismo me has proporcionado la respuesta: porque es más bien difícil. Me siento atraído por la dificultad.
(...)     -¿Quién eres? ¿Qué tienes en la cabeza?
(...)     -Todos olvidamos lo locos que estábamos a los quince años.         
-Tú no.       
-Sí, yo también.      
-Vivías con los locos, que es distinto.     


Estaba acostumbrada a sentirse observada, pero aquel desconocido la miraba de un modo tan especial que había deseado no salir nunca de su punto de mira.


A los que veían a Norman y Christina juntos les impactaban sus afinidades: tenían una misma forma de permanecer callados. Podría apreciarse en su forma de estar, el uno junto al otro, como un rey
y una reina de la época micénica, sin intercambiar más que su belleza y su majestuosidad. La fascinación que emanaba de la yuxtaposición de aquellos dos seres soberbios les confería categoría de 


tótems.
(...)  -No quiero tener un hijo tramposo.      
-Te juro que no lo volveré a hacer más.         
-Eres un embustero. No te creo.        
-Te lo juro por lo más sagrado.         
-¿Qué es lo más sagrado para ti?   
-¡Tú!


Los jóvenes sólo conocen la inmediatez.




(...)    -¿En qué consiste ser simpático?     
-En tener ese impulso hacia los demás, esta especie de corriente que suscita efecto.      
-¿No tener esa virtud es grave?     
-No se puede tener un excelente
sentido del escenario, ser un fabuloso mago sin ser simpático.      
-Así pues, no sirve de nada ser simpático.     
-Las virtudes no están hechas para servir para algo.
No es habitual que uno sea tan civilizado como para ofrecer flores a la mujer de la que acaba de separarse.
Joe no podía sentirse más satisfecho: Christina había reservado su virginidad floral para él.
"Nunca lo conseguiré! ¡Echa a ese chico, que es guapo. ¡Yo, además, soy feo!"


"¿Podrías ayudarme a llevar estos paquetes hasta mi coche?" (¿Para qué había que ayudar a alguien a algo tan estúpido?) 
¿Acaso no es una prueba de amor aprender a convertirse en un buen amante? ¿Qué hay de hermoso en querer ofrecerle a la elegida los torpes ardores de un chico virgen?
Se tocó poco y mal; en resumen, se sacrificó en nombre de un amor que nada le había pedido.


¿Dinero? Nunca pronuncies esta palabra. Aquí el dinero no existe. Quiero regalarte ropa.


Contemplar a grandes bailarines en movimiento produce la misma emoción que contemplar una hoguera en llamas: el fuego baila, el bailarín se quema.
El objeto supremo de la danza es mostrar el cuerpo. Vivimos con el malentendido de que cada uno posee un cuerpo. 


Nadie vive la totalidad de su cuerpo como los grandes bailarines.


El cuerpo de Christina presentaba una densidad tan intensa que uno habría podido enamorarse con la misma violencia del dedo gordo de su pie que de su pelo.


Se apagaron las luces. Sólo quedaron las bolas de la bailarina iluminando ora su pierna combada, ora su espalda arqueada, ora su hombro amaestrado.


Para sus adentros, le llamó de todo y se acercó a un brasero junto al cual dormitaban varios zombis fumadores de neumático. Se derrumbó en un sillón y, de cara a aquel aliento ardiente, se durmió.


Sólo hay una cosa que se calcula con microgramos, y ésa es la razón por la cual nunca se indica de qué se trata.


¿Por qué no dejo de compararme con los demás?, se enrabió.


Estaban solos en medio del desierto. Una luna llena rodeada de una nube de las dimensiones de un kleenex difundía una luz de iluminador superdotado.


Cayó la ropa, cayeron los cuerpos, acogidos por el polvo. Lo que Joe llevaba tanto tiempo retiniendo se había metamorfoseado en odio: Christina lo transformó en placer. Fue al encuentro
de la frustración acumulada en los músculos de su amante y convirtió aquel plomo en oro.


Hace más de tres años que la quiero con locura.
Esta noche he descubierto lo más hermoso que existe. No mereces la mujer que tienes.
Lo amaba tanto más por cuanto había logrado superar su cólera: gracias a esta prueba, descubría ser mejor persona.
¿Por qué íbamos a darle la más mínima importancia a estos no-acontecimientos?

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Daniel Miralles Robert Casajuana - en Literatura
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29 enero 2015 4 29 /01 /enero /2015 12:20

Hi ha novel·les estranyes, divertides, novel·les singulars que voldries subratllar de dalt a baix fins que el llapis es trenqui.

Hi ha novel·les que potser algú criticaria amb motiu, però aquestes mateixes són les que donen més ganes d'estimar.

Hi ha novel·les que llegeixes i no vols que acabin mai i que quan acaben et deixen amb regust amarg als llavis.
Hi ha novel·les que parlen de joves adolescents inconscients avorrits que malgasten la teva vida.
Hi ha novel·les que parlen de joves avorrits que fan insensateses, que també has fet tu encara que no vulguis reconèixer.
Hi ha novel·les que aparentment et fan molt gràcia però que amaguen una crítica social molt forta.
Hi ha novel·les que voldries tenir emmarcades pàgina a pàgina a la paret de la teva habitació.
Hi ha novel·les que inspiren i inciten clandestinament a fotre cops de puny a tort i a dret.
Hi ha novel·les que et treuen el millor de tu mateix o potser et treuen només les llàgrimes de riure i plorar.


Aquesta és una d'elles.

 

portada versió en català

portada versió en català

I AQUÍ TENIM EL SENYOR BEN BROOKS!

Ben Brooks, somrient.
Ben Brooks, somrient.

Ben Brooks, somrient.

L'AUTOR

Ben Brooks (Gloucestershire,1992) és un autor anglès ben peculiar, que després de passar un temps bevent i perdent la vida, es va decidir per escriure.
Li agrada molt mofar-se de les xarxes socials, fent-ne sempre un ús espectacularment divertit, com tot en els seus llibres, que acaba resultant tronxant.
Amb tan sols vint-i-un anys, ja fa riure amb les seves paraules i escriu amb un estil propi consolidat, fàcil d'identificar.
Cal dir, també, que s'aprecia un canvi important i una millora narrativa respecte a "Fes-te gran" i aquest segon, que en realitat és el seu cinquè llibre.
En alguns moments recorda a una versió simplista de John Kennedy Toole, o potser un Salinger en procés. Total, una meravella de llibre que convé llegir, almenys un parell de vegades.

Va ser nominat als Premis Pushcart i la seva obra ha format part de l'antologia impresa del millor de la web que Dzanc Books publica cada any. Brooks va viure durant una temporada a Barcelona, i actualment resideix a Berlín.

portada versió en castellà

portada versió en castellà

Portada de LOLITO original
Portada de LOLITO original

SINOPSI

Lolito és una novel·la divertida, que no es talla, que no ens deixa a mitges tintes, que diu el que vol dir dient-ho tot, que parla sense embuts, una novel·la que crida sense fer mal, però que travessa el pit, una novel·la diferent, atrevida, capaç, única, irritant, que toca la fibra, que és crítica, que està plena de tocs humorístics i sàtires de tota classe, que està composada per un nombre infinit de metàfores aparentment absurdes, pròpies del millor Groucho Marx, però que a l'hora serveixen de lliçó moral, de reflexió pel lector, d'introspecció en l'essència de la humanitat, de la joventut, de la maduresa, de les noves tecnologies i de la seva opressió en les nostres ments, dels jocs bruts (potser com el de Manuel de Pedrolo), de la manca d'humilitat i manca de censura, de la capacitat de fer riure amb coses que en realitat fan plorar (com el final, que a parer meu és horrible, però terriblement real). Ben Brooks crea un univers nou satíric i carregat d'intenció, on tot el que passa pot tenir un doble sentit, i res de que s'explica és ciència ficció. M'atreveixo a dir que s'assembla una mica a la visió metafòrica i paradoxal d'Amélie Nothomb, aquesta gran cronista del nostre segle.

Lolito ens parla d'un jove que té problemes propis de tots els joves. No entén el món, ni què hi ha vingut a fer. No sap fer res de bo, però tot el que sigui dolent ho fa de conya.

Etgar té tot per fer i no obstant això no vol fer gens. És un noi estrany, que té problemes d'adolescent però també inquietuts pròpies d'un adult.
Etgar solament vol veure documentals marins i comèdies sense mort, però clica en els vídeos virals més sàdics.


Etgar és encara una criatura, però ja escriu cartes imaginàries als seus fills que no naixeran.
Etgar voldria beure sempre te amb Nesquik, però buida una ampolla d'alcohol després d'una altra. Els amics d'Etgar també ploren, com ell, però sempre acomiaden els seus missatges amb un riure.
Passeja pels carrers grisos del seu poble, però és en internet on Etgar descobreix el desamor més cruel (l'engany de la seva primera núvia en Facebook) i també l'amor més càlid
i estrany (el consol d'una dona madura tan indefensa com ell, en un xat sexual). Un joc d'identitats que haurà de resoldre en la vida real.

Teclejada de manera estrambòtica, jugant-se la vida i amb el cor en un puny, per partir-se de dolor i també de riure, Lolito és una meravella escrita pel millor, i més líric, cronista de la seva generació. Un cronista que narra uns fets que no crec que s'allunyin tan de la realitat.

Un Holden Caulfield inexpert era el de "Fes-te gran", el d'ara és un Holden Caufield modern, amb connexió a internet, el revers cruel de Wes Anderson i la millor actualització de les novel·les dels angry young men.

No només l'elogio jo, sinó que també ha estat elogiat per Nick Cave i aclamat per la crítica britànica, ningú escriu com Ben Brooks, perquè Ben Brooks, com Etgar, és únic. Encara que comparteix pors amb tots els seus lectors.


«El llibre més divertit i brutal que he llegit en anys. M'ha tornat boig.»
Nick
Cave



I AQUÍ VE -COM SEMPRE- EL REGUITZELL

 

 

INTERMINABLE DE FRASES DEL LLIBREE!

 

FRASES DE LOLITO




A vegades, quan falta una persona, sembla com si el món sencer estigués despoblat. ALPHONSE DE LAMARTINE


Que et follin, puta, no vull que tornis "A la puta merda" EAMON


Vull trucar a l'Alice tres cops al dia perquè m'asseguri que no ajunta la boca amb la boca d'altra gent que no sigui jo.


Un home ample passa per sota d'un fanal. Em resulta vagament familiar, com si l'hagués vist en un somni o a través del parabrisa d'un cotxe. El cor se'm tensa.


M'imagino que ens acosta cloroform a la cara, que se'ns emporta i que desmembra solemnement els nostres cossos al terra d'un magatzem industrial que fa pudor d'orina.


Sóc al llit. No em penso tornar a moure mai més.


Creixeré fins a tenir la mida d'un cotxe i el pes d'un lleó i fins que els braços em semblin antenes. Els bombers hauran de fer un forat a la paret per treure'm de casa i un equip de documentals ho filmarà.
Les amigues de la mama es miraran el documental totes juntes, amb les mans fent pressió als genolls i miolant.
No es pot "donar la gent en adopció". Hi ha un procediment. Primer l'has de donar als Serveis Socials.




Si és mentida, t'esclafaré la polla jo a tu. I em sembla que no sóc capaç d'esclafar polles, o sigui que potser només li trencaré el mòbil o alguna cosa així.


Em sento petit. Com un ratolí perdut en un supermercat.


(...) -Gai- diu l'Alam. Gai no vol dir homosexual. Vol dir una altra cosa. Vol dir que dius sincerament la mena de coses que dirien els nostres pares.
.-Perdona que sigui una persona agradable.
-Gai.




(...) -Has pegat alguna vegada a algú? -diu la Hattie. -Moltes -dic jo- Una. No. Mai. Cap vegada. I tu? -Contínuament. (...) El secret és fer veure que són el teu pare. -A mi em cau bé, el meu pare.




(..)- Algú que odiïs molt. -Jo no odio a ningú. -Doncs no esperis pas que podràs pegar a ningú. -Ho ha de fer-diu l'Aslam, que em posa la mà a l'espatlla i somriu-. Si no ho fa, tothom
començarà a ficar els dits a la figa de l'Alice.




Una noia que gairebé reconec obre la porta de la casa de Huntsdon Street. És rossa i porta els cabells curts i somriu i té una ampolla de vodka blau arrapada al pit. Ens diu que entrem. Entrem. La gent
està escampada per tota la casa. Seuen i s'estan drets i parlen i es morregen. Ens deixem caure en una zona buida de moqueta al costat de l'estufa elèctrica.




(...) -Segur que és un mitja merda. Jo li agafo els genolls i tu li trenques la cara. -Em sembla que primer hi hauríem de parlar. -I dir-li què? Gràcies per violar la meva nòvia. I un colló. Foradem-li
la porta del darere. - Una noia que tenim a la dreta arronsa el nas i aixeca una cella. Jo provo de somriure però la meva cara no pot agafar la forma correcta. -Aslam, això vol dir donar pel cul a algú.


.-Em pensava que volia dir pegar a algú al clatell. -Com vols que sigui això? -No ho sé. Tu vés-hi. Jo et cobreixo. -Tinc por. -Tu beu. -D'acord.


Quan bevem tinc la sensació que el meu cos es fa més sòlid i que tinc menys possibilitats de sortir flotant cap al cel o d'enfonsar-me a terra o de desaparèixer en el no-res.


Però ara mateix no hi ha res que em sembli rellevant.


(...) -Te n'estàs enfotent? -Ui, no, ni va ni ve. -Què? -Mmm. -Vols alguna cosa?-dic. Li miro la cara i la seva cara fa por, o sigui que torno a mirar-li les vambes. Les seves vambes tan maques.


Tan maques i tan enormes. Voldria que la seva cara fos un parell de vambes maques que em pogués calçar, i saltar amunt i avall fins que es discuplés pel que va fer.


(...) -Genial. -dic- És genial. Coneixes l'Alice Calloway?
Ell riu. -Sí.
-La vas violar a morrejades?
-Si vaig fer què?
-Vas forçar-la?
Riu encara més.
-La vaig forçar a deixar-me estar. La molt porca.




Giro cua i tanco els ulls tan fort com puc. Vull que em quedin cosits. Sento riures darrere meu. Algú em crida que me'n vagi a prendre pel cul. I penso: vés a prendre pel cul tu. Penso: on puc anar a
prendre pel cul? El meu cos és tan pesant com cent cossos. Em sento com un il·lusionista que ha serrat accidentalment per la meitat la seva ajudant. Vull desparèixer.


És difícil no pensar que la gent que no parla el teu idioma són imbècils, fins i tot quan tens vuit anys.
El gris de fora s'havia tornat negre i una pluja fina feia pessigolles a les finestres.


La sensació que tinc al cap és la mateixa que quan et despertes després d'adormir-te al damunt del braç. Una sensació càlida, estàtica, de manca de sensació. M'estic una estona immòbil, i després no.
La sang em torna a circular. Penso: cony cony cony puta merda cony. Penso: ara vomitaré?


Penso: ara tindré un atac de cor? Espero no morir-me d'un atac de cor. Si em passa, algun subnormal dirà que m'he mort perquè "li havien trencat el cor."


Em desperto i m'incorporo i sacsejo el cap. A dins hi tinc cadells de tigre. El somni d'ahir a la nit encara em penja al voltant dels ulls. Teia alguna cosa a veure amb un ós i un soterrani. I en Drake.


Durant un segon, no passa res. El meu cap és una tomba. I és una de les millors sensacions que hi ha, juntament amb pagar les monedes exactes i fugir de la pluja pels pèls. Despertar-te i que la
gent que tens al cap estigui en silenci.


M'imagino no tornant-me a moure mai més. M'imagino una càmera que filma el meu cos mentre es descompon i la filmació accelerada, de manera que sembla com si l'aire se'm mengés. Alice.


(...) -Dóna records al papa. Els hauríeu de comprar un gos, per quan ella fugi.


-Etgar, no sigui dolent.
-Perdona.
-Adéu, mama.
-T'estimo.
-Jo també.




Provo de jugar al Com a mínim. Resultat:
- Com a mínim no estic mort (això és bo? Potser estar molt és bo. Potser totes les religions són veritat i quan et mors te'n vas a un lloc que és divertit i infinit).
.Com a mínim no sóc vell (sóc més vell que ahir).
-Com a mínim no tinc càncer (potser tinc càncer. Tosso contínuament).


Línies de paraules i emoticones i riures llampeguen i puguen cap amunt tan ràpidament com números en una matriu. Si la gent rigués i somrigués amb la mateixa freqüència en la vida real, llavors
la vida seria molt més suportable. Si la vida fos un gran xat, llavors tothom hauria de ser sincer amb tothom i ningú es follaria a mitges a ningú, i ningú estaria sol.


Provo de pensar en un acudit que em faci caure bé al grup. Un acudit senzill, dolent, que faci pensar a una dona que sóc la mena de persona per la qual val la pena acostar les tetes a una càmera.


Som gent avorrida sense enlloc on anar i res a fer. És divertit, i vol dir que no haig de pensar. Poso Gold Panda de fons per tranquil·litzar-me.
Gairebé ha deixat de ploure. Ara només hi ha algunes gotetes d'aigua que s'enganxen al vidre. Sortir de casa em fa por. Em fa patir que el cel es posi massa pesant i que m'esclafi.


Hauria d'anar a fer una passejada. A la gent li agrada passejar. A mi no m'agrada passejar.


Em poso l'impermeable morat de la mama, el barret de pescador del papa i les meves botes velles d'aigua. Semblo un pedòfil.


El cel és rosa i la lluna és un fantasma. L'Amundsen examina condons i bosses de plàstic mentre jo penso en l'Alice.
Provo de no pensar en l'Alice, cosa que vol dir que penso en l'Alice. Se m'acut que podria saltar de dalt de tot d'un edifici i deixar una nota que digués: "l'Alice Calloway m'ha assassinat."
Segurament no ho hauria de fer. És evident que no ho faria. Si ho fes, jo estaria mort i l'Alice
estaria molt fotuda, o sigui que tothom sortiria perdent. Vull que l'Alice sigui infeliç? No vull que l'Alice sigui infeliç? No vull que l'Alice sigui infeliç. Vull que l'Alice viatgi enrere en el temps i que
faci que l'Aaron Mathews no li fiqui els dits a dins. El vent brunzeix. Comença a ploure. Cada cop més. Som a mig circuit del camp. No vull córrer. Si ho provo, cauré. Cauré i no em voldré aixecar
i jauré a l'herba i gossos tristos es menjaran el meu cos. Potser ho hauria de fer. Potser seria divertit.




Ha aparegut una dona en miniatura amb un impermeable groc. Porta un gos petit als braços. Té uns rínxols blancs i humits enganxats al front. Té la cara tacada, com la pell d'un plàtan mastegat.


Has fet bé. Bots i barrals. Aviat començaran a ploure peixos. Ja ho veuràs.
(...) Torno a riure.
-No tens classe, avui?
-Vacances de Pasqua.
-Ah. Pasqua. Ous.
-Els meus pare són a Rússia. Estic tot sol.
Bec te amb Nesquik i menjo una lasanya de microones i miro el vídeo d'un home que fica un gatet a dins d'una gàbia de filferro i després li cala foc. No sé per què. És avorrit.


Clico a Alice Calloway. Obro els seus àlbums de fotos. Berlín 09: L'Alice amb el vestit vermell amb cavalls en miniatura estampats. L'Alice amb una tassa de cafè de la mida d'un nadó.


L'Alice al davant del Reichstag, fent veure que un martell inflable és la seva polla.


(...)
-Saps què, ahir vaig sentir per la ràdio que un home deia que tots arribaríem als dos-cents anys. Dos-cents anys. Imagina't-ho.
-Seria horrorós.
-Déu meu. M'estimaria més saltar daltabaix d'un pont.
Dos-cents anys. Dos-cents anys. Què faries, tu, amb dos-cents anys?
-Mirar la tele.
-Oh, Déu meu, esclar que sí.


Tanco l'ordinador de cop i hi foto un cop de puny. Estic plorant. Si estiguessin filmant un documental sobre mi, ara seria el moment que fotria la càmera a terra i clavaria un cop de puny al càmera.


Cridaria: "Treu-me aquesta puta càmera dels nassos, s'ha acabat!"


El mòbil em fa pampalluges. La Hattie a mi: stas be? L'Aslam mho ha dit. Jo a la Hattie: m'amagare una temporada. Stic be.


La Hattie ve a vegades i ens toquem perquè estem avorrits i perquè sí. Ara no sé què fer. Hauria de deixar de mirar l'Alice.


Sempre penso que la gent dels ordinadors existeixen en un lloc tranquil i particular que gairebé mai no se sobreposa a la vida real.


(...) -Genial -dic jo. Quina cosa més estúpida de dir.- Vull dir que deu estar bé, tenir temps lliure.


No tinc ni idea de què vol dir "dul".


Hi ha algú que de debò es digui Herman?
sèrie Parks and Recreation


(...) -Tu fas cíber?
-Sí -dic. -Molt.
Literalment, mai.
-Prefereixo fer-ho a la vida real...però a vegades no és possible.


Si tombo el cap una mica cap a un costat i aixeco la barbeta, llavors la meva barbeta s'assembla més a la mandíbula d'un agent hipotecari. Necessito aconseguir que em desitgi. Necessito ser sis Aaron Mathews.


La dona que surt a l'ordinador és prima i rossa i atractiva. Se la veu forta, com algú que podria foradar una paret d'un cop de puny. Jo diria que deu tenir trenta-cinc anys, però no ho sé
de debò perquè no sé distingir bé les edats per damunt de la meva. Té la pell del color de la torrada amb mantega. Somriu, i les seves dents encaixen perfectament, com les rajoles d'una cambra de bany.
No sé per què busca sexe als ordinadors. Hauria de tenir sexe físic i apassionat amb homes que es retallen el pèl del pubis i que competeixen, amb èxit, als triatlons.




(...) -Ets preciosa -li dic- Uns ulls espectaculars.
Uns mugrons espectaculars que sobresurten sota la samarreta.
-Ets molt dolç. Et toca.
-Tinc por. Semblo imbècil de debò. Guanyes tu.


(...) -Ets atractiu. Relaxa't. Tens uns ulls macos. M'agrada la camisa que portes.
-Gràcies-li dic.- És meva.
-Ets graciós.
-Gràcies
-No sé què dir.- Què faràs avui?
.-Posar la rentadora. Rentar els plats. Provar d'oblidar que faig qualsevol de les dues coses. Res d'emocionant. I tu? -Potser mirar la tele i anar a dormir. Res d'emocionant, tampoc.
.-Digue'm com és el lloc on ets. Me'l vull mirar d'imaginar. Dono un cop d'ull a la cuina. Hi ha quatre plats, dues tasses i una cafetera bruta apilonats al costat de la pica. Totes les superfícies
són negres i el terra és de laminat barat. El got de mig litre que tinc al costat és mig ple. -Sóc al meu estudi- dic-. Sec en una cadira giratòria extremadament luxosa. La catifa és gruixuda i vermella.
Si la trepitjo amb els peus nus, els dits m'hi desapareixen. Tinc litografies de Daniel Clowes a les parets. -Perfecte. -I com és, el lloc on ets tu? -Doncs estic ajaguda al llit. És de matrimoni i sempre
fa impressió de buidor. La moqueta és verda. Hi ha dues finestres grans. Es poden veure boscos i una part del loch. A fora fa sol i no hi ha cap núvol. -M'agradaria poder entrar a l'ordinador i sortir on ets tu.
.-No, no t'agradaria. -Per què? -No és divertit, si no en pots tornar a sortir.
(...) -Sisplau, surt a fora -li dic-. Si et cagues a casa, t'ho faré menjar. -Em mira i els ulls li tremolen- Au, va -li dic- Només és pluja. Que ets un gos valent. Res de res. Sospiro. Em poso darrere seu
i li passo els braços per sota de la panxa. Ell crida i es belluga com un peix gegant. Perdo l'equilibri, provo d'agafar-me a unes mans invisibles i caic al pati. Jec al damunt de les lloses de pedra molles i
la pluja em cau a l'esquena. No vull tornar-me a moure mai més. Vull que m'abdueixin uns alienígenes callats i tranquils que busquen en planetes distants exemplars dòcils per als seus zoològics.
L'Amudsen surt a poc a poc, abaixa la cara fins al nivell de la meva i em llepa l'ull.
Poema de l'Alice (I) Ets una merda i la teva marca de naixement sembla un mico gras i no una dent de lleó t'ho vaig dir perquè m'agrada posar-te calenta.
Al llit ets com un rodó de vedella sense coure. La teva marca de naixement és una morsa gegant. La teva marca de naixement és una morsa morta que plora llàgrimes negres a la marea
negra del gold de Mèxic. Tu ets BP i nosaltres el Projecte Macondo. Avui la banyera m'ha semblat tan gran com cent banyeres. Avui t'he trobat a faltar. Ets un tros de merda, idiota.
(..) -No tornarà a passar mai més res de res. Em quedo al llit. -Algun dia hauràs d'agafar el toro pels collons. -Es diu per les banyes. -De debò? -Sí.
Em penja. No entenc per què la gent no pot deixar que l'altra gent s'estigui al llit i desaparegui lentament, si això és el que volen. A la gent se li permet fer-se tatuatges facials i canvis de sexe i
comprar-se llanxes motores, però a mi no se'm permet estar-me al llit quatre dies seguits.
L'Amundsen em desperta llepant-me l'orella. Els colors matinals se'm belluguen sota les parpelles. Em miro el sostre.
Em faig un cigarret. El mòbil tremola. L'Alice a mi: on ets? Vull tornar a casa. Ens mirarem totes les pel·lis de Wes Anderson al meu llit.
En un comunicat oficial fet públic aquest matí, ha afirmat que jaure al llit és "millor que el sexe" i que l'Alice Calloway és "la porca més horrorosa que conec"
(...) -Jo no surto gaire ni conec gaires noies. -Per què no? Perquè normalment no s'interessen per nanos de quinze anys amb acne i problemes d'ansietat. -Perquè no en sé. -En saps prou.
I ets jove. Segurament lligues a les discoteques fent lliscar una copa barra avall i picant l'ullet per convidar-les. -Jo això no ho faig-li dic- No faig lliscar copes cap a les noies. Em faria patir que el got
es trenqués i que algun fragment fes mal a la noia i que la noia em portés als tribunals. -Un home m'ho va fer una vegada i jo li vaig tornar la copa lliscant, igual que ell. -A mi em faria por que em passés això.
.-Londres sencer. Plou una mica. Hi ha llums vermells al capdamunt dels edificis. El cel és de color rosa i taronja. -Deu ser preciós. -Ho és, però hi ha gent just al costat, i les coses que tenen
gent al costat no són gens divertides.
(...) -Què passaria si poguessis entrar a l'ordinador? -No ho sé. Apareixeria al teu dormitori. T'espanteries? -No. Tu no fas por. -Sí que en faig. -Ha! Ha! Ha! -He mort gent amb les mans. Em busca
la justícia de diversos països exòtics i hi ha una fàtua damunt del meu cap. -Per? -Per haver robat iots i haver alliberat animals de circ.
Això no és veritat. Les coses com aquesta no passen. La Macy és un robot. La meva polla és enorme. Vull entrar a l'ordinador i dintre d'ella. Vull que desaparegui tot.
(...) -Ja sóc aquí. M'has deixat ben molla. -Genial. Està molt bé. -Notes amb la llengua que estic humida? -Sí. Tens molt bon gust. Sóc un ésser humà espantós i fastigós. -Aparta'm les calces.
.-No em diguis què haig de fer, tros d'imbècil. Totalment repulsiu i patètic. -Això no m'agrada. -D'acord, perdona-Això no s'assembla gens a la tele- De debò li agrada, a la gent, sentir aquestes coses?
És la manera més fàcil de fer feliç a la gent que s'ha inventat mai. -Continua. -Estàs tan molla. Com un llac.
(...) -Aixeca't. -D'acord. -Fes-me un petó. -Un faig. -Noto el gust del meu cony. Ara amorra'm a l'escriptori. -D'acord. T'hi amorro i t'aguanto el cap i t'abaixo les calces fins als turmells.
.-Folla'm. -Ja ho faig. Qui sóc? Ja no sóc jo. Jo no dic aquestes coses. M'ha posseït un fantasma vulgar i solitari.
Quan era petit em pensava que el Món Exterior era un ós enorme poblat per una quantitat infinita d'óssos en miniatura. Óssos que volien carregar-se'm a les espatlles, endurse'm i fer estranys
actes sexuals amb mi fins que se'n cansessin i decidissin colpejar el meu cos trencat amb palanques i mànecs de destral. Hauries de pagar una funerària perquè em reconstruís la figura. La mama no
em reconeixeria. Això és molt dramàtic. Era un petit ésser humà molt dramàtic.
Vaig tornar d'Escòcia i em vaig passar gairebé tots els vespres tot sol a la meva habitació mirant documentals d'animals salvatges a l'Àfrica i llegint llibres sobre llocs que no existien. A vegades
somiava amb la iaia com un zombi, que volia atrapar-me i arrencar-me bocins de carn humida del pit.
En Ben Weelan una vegada va voler demostrar que es podia menjar un bitxo sencer i em va vomitar a les sabates. Entre les seves aficions: Good Charlote, els io-ios i fregar coses amb la polla
abans de donar-les a la gent. Em va ensenyar a pentinar-me igual que en Ross de Friends i em va ensenyar que, si aprens a pensar-hi d'aquesta manera, la pasta de dents es converteix en
un menjar deliciós quan tens gana a la nit.
Jo vaig arrencar a córrer. La persona em va seguir ràpidament. Les seves passes ressonaven amb força, com si algú aplaudís en una sala buida. Jo arrossegava el meu patinet, cada cop més i més marejat.
El cor se m'omplia de pànic i xisclava i les cames em cremaven i al final vaig caure al rebedor de casa nostra, ni violat ni assassinat. L'endemà vaig preguntar a en Ben Wheelan: -Si algú
et persegueix, és més ràpid córrer o anar en patinet? -Fotre'l un cop al cap amb el patinet-va dir.
Tinc el cos cansat i el cap cansat i a dins del meu cap tot està cansat. Escolto la Vanessa Carlton i salto al damunt del llit. Fa sorolls que diuen estic a punt de caure a trossos. Penso en la possibilitat
de caminar mil milles, sense parar, fins a un castell secret folrat de mantes i pòsters d'animals salvatges. Penso a seure al llit amb la Vanessa Carlton i a intercanviar xuclets i a plorar als seus cabells.
Fa mal, Vanessa. Molt de mal. Com un cop de cap directe al cor. Fes que pari. Fes que desaparegui. Amaguem-nos l'un a dintre l'altre. No sortim mai a fora.
Sona el timbre. Em fa por obrir la porta però ho faig, per si de cas és algú d'un programa de càmera oculta que em ve a dir que tot plegat és una broma.
Quan l'Ashton Kutcher reveli la veritat, jo provaré de riure, però estaré plorant profusament.
La Hattie i jo no tenim mai relacions sexuals. Ens refreguem l'un amb l'altra i ens fem petons. Una vegada em va fer una palla però em feia mal i li vaig dir que parés. És divertit. Mai no té importància
que en James i l'Alice existeixin perquè no estem fent res de dolent, perquè ningú no se sent afectat. L'Alice sí que va fer una cosa dolenta. Ho sé perquè jo em sento molt afectat.
S'hauria pogut enrotllar amb cent persones i si jo no me n'hagués assabentat, ella no hauria fet res de dolent. La gent diu moltes coses maques de l'honestedat però jo penso que l'honestedat és
com una pinyata sense res a dintre. La gent hauria de fer feliç l'altra gent i no cal ser honest per fer-ho.
M'agradaria que Oblida't de mi fos real. Com en Jim Carrey, seria molt feliç de deixar que la Katie Winslet desaparegués de dins del meu cap. No m'hi barallaria, jo. No correria amunt i avall pels records
provant d'impedir que ella desaparegués. Li diria adéu i la besaria i me n'oblidaria per sempre més. Probablement és l'única manera de ser feliç.
No deixar de dir adéu. L'única manera de ser feliç.
M'hauria de fotre un cop amb alguna cosa pesant per poder tenir amnèsia. És broma.


Quan la Kate (de Titanic) es prova de suïcidar, ens besem. La Hattie em puja a sobre. La tinc a prop i vull que estigui encara més a prop. Vull que la seva cara es fongui en la meva i vull que la meva cara es fongui en la cara de la Kate Winslet.

-Tens una erecció.

-Què? No, no la tinc.-Provo de desviar la meva atenció cap a una banda però és impossible perquè la Hattie hi està asseguda a sobre, i em mira com si jo hagués comès un crim violent i calculat. La té immobilitzada com el guanyador d'un combat de lluita lliure.


(...) -Ho hauríem de deixar. Un dels dos es podria quedar penjat de l'altre.
-No hi quedarem pas. Jo no t'estimaré mai.
-Tu no ho ets tot.
-Què?
(...) -La cara d'en Leonardo està fantàstica, aquí -dic-. Sembla un bunyol de blat de moro.
Em miro la Hattie.
-No, no ho sembla.
-És genial-dic- Com un bunyol de blat de moro.
.-Es pot saber de què parles?
-Pots fer bunyols de blat de moro, sisplau?
La Hattie s'incorpora i em mira. Té uns gossos tristos al darrere dels ulls. Sacseja el cap. Agafa les sabates i surt de l'habitació i
tanca silenciosament la porta. Amago el cap a sota el cobrellit.


El sol s'amaga al darrere d'uns núvols inflats. Una noia en bicicleta fuma.
(...) Me'n vaig cap al centre del camp i m'assec. Truco a l'Alice.
-Alice?-dic-. Sóc jo.
-Etgar? On ets? Fa vent. Me n'he d'anar de seguida.
.-Vés a menjar unes quantes polles.
-Què?
-Res, perdona. L'Aslam em va dir que t'ho digués. Estic tallant amb tu.
-Què? Etgar? Per què? Què ha passat? -Perquè allò de l'Aaron Mathews era mentida.
Vas dir que t'havia violat a petons però no ho va fer, us vau morrejar i ho entenc perquè és més alt i més musculós i té més pèl a la cara que jo, però això no està bé perquè tu eres la meva nòvia i jo era
el teu nòvio i això no és el que fan els nòvios i les nòvies.


Hi ha una pausa i l'Alice comença a plorar. Jo em pensava que també ploraria, però no. M'han passat moltes coses dolentes dins del cap
i ara tinc els ulls buits.
-No va anar així-diu.- T'ho puc explicar.
-Ho pots explicar a la teva mare.-No sé què vol dir això.
-Estava borratxa. I tu no hi erets. Vaig ser imbècil. Em pensava que
tu t'estaries morrejant amb algú a Leicester.
-M'hi estava amb la meva àvia, a Leicester.
-Etgar?
-Alice.
.-Doncs no hauries hagut de fer una palla a l'Aaron Mathews. Vés enrere en el temps i pega-li , o alguna cosa així.


No li vull arrencar el cap.


-T'estimo.
L'hi vull besar.
-De debò?
-Sí.
.-Ara penjaré.
-Etgar, si us plau.
-Em sap greu.
-Et deixaré ficar els dits a algú. A qui vulguis.
-No vull ficar els dits a ningú. Tu ets l'única persona a qui vull ficar els dits.
-Doncs fica-me'ls.
.-Ja no sé si et vull ficar els dits.


Penjo. Em sento com un home seriós en el clímax emocional d'una pel·lícula que acaba amb plorosa derrota. M'agradaria que això fos una pel·lícula. M'agradaria estar
assegut al sofà mirant aquesta pel·lícula amb l ' Alice i menjant Doritos i rient. No hi estic. Estic al mig d'un camp fred amb un gos imbècil. Al cel no hi ha res. No hi ha ningú més aquí. M'ajec a l'herba.
M'ajec de bocaterrossa. L'Amundsen s'ajau al meu costat, ens mirem l'un a l'altre. Ell panteixa. A mi el cor em va el triple de ràpid del normal. Tinc claríssim que vull fer alguna cosa, però no sé
què és aquesta cosa.




Escric "Depressió severa" a l'ordinador de la mama. Diu que mengi verdura i que surti a voltar per fora. No crec que tingui això. Escric "Autisme". Tampoc tinc això. Escric "Càncer". Escric "Alice Calloway és un tros de merda". Escric "Com desaparèixer". Hi ha molta gent que parla de llançar-se des de dalt d'un edifici o de menjar-se una pila de paracetamol o d'altres activitats que semblen doloroses i que exigeixen coratge i també tenir cotxe. L'ordinador diu que hi ha un bosc al Japó on una pila de gent va a suïcidar-s'hi. Lliguen una cinta de color als arbres i s'hi endinsen amb la cinta a les mans per si de cas deixen de voler desaparèixer i necessiten trobar la sortida. Hi ha moltes cintes.
El bosc sembla una sala de museu plena de làsers en diagonal per evitar que la gent robi coses.


Hi ha voluntaris que travessen el bosc a la recerca de cossos morts i de gent que volen ser cossos morts però encara no n'estan segurs al cent per cent. Hi ha un munt de tendes buides al bosc
i cotxes vells a l'aparcament. M'imagino una pel·lícula on dues persones tristes es troben al bosc i s'enamoren i surten del bosc i són felices per sempre més. La pel·lícula seria una comèdia romàntica
amb molts acudits sobre la mort. L'eslògan seria A vegades ho trobes tot, quan ja no et queda res a perdre. La banda sonora seria Sigur Rós. Em pregunto si mai m'enamoraré com fa la gent
a les pel·lícules. Em pregunto si portaré noies a sopar i les convidaré a casa meva i llavors ejacularé prematurament i em tacaré els pantalons ben planxats. No passarà res de res a partir d'ara
i fins sempre més. Ara m'he posat melodramàtic. Tinc gana. Em menjo una Ryvita i comprovo l'ordinador. La Macy m'ha enviat un e-mail. El tema diu "Això eres tu". Hi ha un arxiu adjunt. El descarrego
i l'obro. Veig un gran consolador de color rosa que la mà d'una dona prima acosta a la webcam. Les ungles de la dona estan pintades immaculadament de color morat. El consolador té la llargada de les meves
dues mans juntes. Estiro la cintura dels meus bòxers i em miro la polla. Sospiro. La Macy està connectada.


-No la tinc tan grossa-dic.- I no és rossa.
-Oh-diu ella.- No és qüestió de llargada. Això m'ho va regalar el meu ex. És qüestió de la gent.
-Ah. Sí. Genial. Jo també em follo la dona. M'agrada mirar la dona a la cara. M'agrada mirar la dona als ulls.
No tinc ni idea de què estem parlant.
-Mmm.




-Em sembla que t'agradaran els meus ulls, he! He!
-A mi també.
-De quin color són els teus ulls? A la foto no es veu.
M'aixeco i me'n vaig cap al mirall i em miro a mi mateix.






(...)
-Desitjaria poder estar arraulit a dins d'un llit calentó amb tu.
-Jo també.
-Desitjaria que el llit estigués flotant al mig de l'oceà.
-Podríem follar tot el dia.
-Els ocells ens deixarien caure paquetets de xocolata.
-Dul, això sembla el cel.
Això sembla terriblement perillós. És millor que cap altra cosa que estigui passant aquí, però.




Al Món Exterior no sembla que hi hagi cap festa. Fa una sensació feixuga i freda. L'aire fa olor de crispetes i de fulles mortes. Prop d'una casa, fa olor de rostit.
Veig dues persones que s'asseuen a taula.
Hi ha espelmes. Vull ser a dintre de la casa amb ells. Vull menjar rostit per sopar en una taula amb una noia i després magrejar la noia i adormir-me damunt de la seva panxa.
Els homes em miren i pensen que sóc imbècil. Pensen que vaig pel món cridant "Beckham" a tothom. Potser ho hauria de fer.
Seria més fàcil que provar de ser coherent. Beckham. White Ace és la que té més unitats d'alcohol per menys diners. Són 3,89 dolars per 22,5.
En tindré prou per beure fins que dormir no sigui difícil.
En tindré prou per vomitar al matí i després beure una mica més amb l'esmorzar.
Les ressaques no tenen importància si tens permís de quedar-te al llit o si la teva nòvia s'ha morrejat amb l'Aaron Mathews.


Agafo dues llaunes de tripes i me'n vaig cap al taulell. L'home que tinc davant es compra tres revistes porno a dins d'uns sobres grisos de plàstic.
Per un moment sento pànic d'haver viatjat enrere en el temps fins als anys vuitanta. La sida torna a ser real. Els meus pares diuen paraulotes. Tot es veu granulat. Els ordinadors són grans com cases. Pago el que compro amb monedes de vint penics i refuso la bossa de plàstic. A la porta, em giro i dic:
-Beckham.-Els homes em somriuen. Somriuen amb uns somriures que diuen molt bé, és genial i jo m'enfonso.




Poema de l'Alice (2)


Una vegada hi havia una mama elefant i la mama elefant va tenir un bebè i el bebè elefant no tenia cames i tothom li deia subnormal i li pegava cops de pal i la mama elefant
es va menjar el bebè elefant i Moby Dick va existir de debò o no Els Poemes són de Mariques i Els Elefants Són de Mariques i em vull despertar ahir i DONAR-TE PEL CUL.

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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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22 enero 2015 4 22 /01 /enero /2015 11:03

Cançó de Mishima

"Mai res pertany del tot
a l'home ni a la seva força,
ni la seva feblesa ni el seu cor.
I quan creu que obra els braços
a l'ombra d'una creu,
quan creu que ha atrapat la felicitat,
la fa mal be.
La vida es un estrany i dolorós divorci.
No existeix l'amor feliç

La seva vida sembla
una d'aquells soldats sense armes
que algú havia vestit per un altre destí.
De que els deu servir
llevar-se cada mati?

Quan els trobem al vespre
desarmats e insegurs,
digues vida meva aquests mots
i aguanta el plor:
No existeix l'amor feliç

Vell amor meu, estimat amor,
ferida meva,
et porto ben endins com a un ocell ferit,
i aquest sense saber-ho
ens miren en passat

Repetim després de mi
aquestes paraules que us he dit,
i que en pels teus grans ulls tant aviat van morir:
No existeix l'amor feliç

El temps per aprendre a viure-hi
ja s'ha fet massa tard,
que plorin en la nit tots els nostres cors a l'hora,
tots els laments que calen a canvi d'un calfred d'emoció.
Tota la tristes que fa falta
per la mí
nima cançó,
tots els sanglot per la trista guitarra
No existeix l'amor feliç"

(Font: http://www.viasona.cat/grup/mishima/lamor-felic/no-existeix-lamor-felic)

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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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19 enero 2015 1 19 /01 /enero /2015 15:31

La carta robada
[Cuento. Texto completo.]
Edgar Allan Poe


Nil sapientiae odiosius acumine nimio.
Séneca


Me hallaba en París en el otoño de 18... Una noche, después de una tarde ventosa, gozaba del doble placer de la meditación y de una pipa de espuma de mar, en compañía de mi amigo C. Auguste Dupin, en su pequeña biblioteca o gabinete de estudios del n.° 33, rue Dunot, au troisième, Faubourg Saint-Germain. Llevábamos más de una hora en profundo silencio, y cualquier observador casual nos hubiera creído exclusiva y profundamente dedicados a estudiar las onduladas capas de humo que llenaban la atmósfera de la sala. Por mi parte, me había entregado a la discusión mental de ciertos tópicos sobre los cuales habíamos departido al comienzo de la velada; me refiero al caso de la rue Morgue y al misterio del asesinato de Marie Rogêt. No dejé de pensar, pues, en una coincidencia, cuando vi abrirse la puerta para dejar paso a nuestro viejo conocido G..., el prefecto de la policía de París.

Lo recibimos cordialmente, pues en aquel hombre había tanto de despreciable como de divertido, y llevábamos varios años sin verlo. Como habíamos estado sentados en la oscuridad, Dupin se levantó para encender una lámpara, pero volvió a su asiento sin hacerlo cuando G... nos hizo saber que venía a consultarnos, o, mejor dicho, a pedir la opinión de mi amigo sobre cierto asunto oficial que lo preocupaba grandemente.

-Si se trata de algo que requiere reflexión -observó Dupin, absteniéndose de dar fuego a la mecha- será mejor examinarlo en la oscuridad.
-He aquí una de sus ideas raras -dijo el prefecto, para quien todo lo que excedía su comprensión era «raro», por lo cual vivía rodeado de una verdadera legión de «rarezas».
-Muy cierto -repuso Dupin, entregando una pipa a nuestro visitante y ofreciéndole un confortable asiento.
-¿Y cuál es la dificultad? -pregunté-. Espero que no sea otro asesinato.
-¡Oh, no, nada de eso! Por cierto que es un asunto muy sencillo y no dudo de que podremos resolverlo perfectamente bien por nuestra cuenta; de todos modos pensé que a Dupin le gustaría conocer los detalles, puesto que es un caso muy raro.
-Sencillo y raro -dijo Dupin.
-Justamente. Pero tampoco es completamente eso. A decir verdad, todos estamos bastante confundidos, ya que la cosa es sencillísima y, sin embargo, nos deja perplejos.
-Quizá lo que los induce a error sea precisamente la sencillez del asunto -observó mi amigo.
-¡Qué absurdos dice usted! -repuso el prefecto, riendo a carcajadas.
-Quizá el misterio es un poco demasiado sencillo -dijo Dupin.
-¡Oh, Dios mío! ¿Cómo se le puede ocurrir semejante idea?
-Un poco demasiado evidente.
-¡Ja, ja! ¡Oh, oh! -reía el prefecto, divertido hasta más no poder-. Dupin, usted acabará por hacerme morir de risa.
-Veamos, ¿de qué se trata? -pregunté.
-Pues bien, voy a decírselo -repuso el prefecto, aspirando profundamente una bocanada de humo e instalándose en un sillón-. Puedo explicarlo en pocas palabras, pero antes debo advertirles que el asunto exige el mayor secreto, pues si se supiera que lo he confiado a otras personas podría costarme mi actual posición.
-Hable usted -dije.
-O no hable -dijo Dupin.
-Está bien. He sido informado personalmente, por alguien que ocupa un altísimo puesto, de que cierto documento de la mayor importancia ha sido robado en las cámaras reales. Se sabe quién es la persona que lo ha robado, pues fue vista cuando se apoderaba de él. También se sabe que el documento continúa en su poder.
-¿Cómo se sabe eso? -preguntó Dupin.
-Se deduce claramente -repuso el prefecto- de la naturaleza del documento y de que no se hayan producido ciertas consecuencias que tendrían lugar inmediatamente después que aquél pasara a otras manos; vale decir, en caso de que fuera empleado en la forma en que el ladrón ha de pretender hacerlo al final.
-Sea un poco más explícito -dije.
-Pues bien, puedo afirmar que dicho papel da a su poseedor cierto poder en cierto lugar donde dicho poder es inmensamente valioso.
El prefecto estaba encantado de su jerga diplomática.
-Pues sigo sin entender nada -dijo Dupin.
-¿No? Veamos: la presentación del documento a una tercera persona que no nombraremos pondría sobre el tapete el honor de un personaje de las más altas esferas y ello da al poseedor del documento un dominio sobre el ilustre personaje cuyo honor y tranquilidad se ven de tal modo amenazados.
-Pero ese dominio -interrumpí- dependerá de que el ladrón supiera que dicho personaje lo conoce como tal. ¿Y quién osaría...?


-El ladrón -dijo G...- es el ministro D..., que se atreve a todo, tanto en lo que es digno como lo que es indigno de un hombre. La forma en que cometió el robo es tan ingeniosa como audaz. El documento en cuestión -una carta, para ser francos- fue recibido por la persona robada mientras se hallaba a solas en el boudoir real. Mientras la leía, se vio repentinamente interrumpida por la entrada de la otra eminente persona, a la cual la primera deseaba ocultar especialmente la carta. Después de una apresurada y vana tentativa de esconderla en un cajón, debió dejarla, abierta como estaba, sobre una mesa. Como el sobrescrito había quedado hacia arriba y no se veía el contenido, la carta podía pasar sin ser vista. Pero en ese momento aparece el ministro D... Sus ojos de lince perciben inmediatamente el papel, reconoce la escritura del sobrescrito, observa la confusión de la persona en cuestión y adivina su secreto. Luego de tratar algunos asuntos en la forma expeditiva que le es usual, extrae una carta parecida a la que nos ocupa, la abre, finge leerla y la coloca luego exactamente al lado de la otra. Vuelve entonces a departir sobre las cuestiones públicas durante un cuarto de hora. Se levanta, finalmente, y, al despedirse, toma la carta que no le pertenece. La persona robada ve la maniobra, pero no se atreve a llamarle la atención en presencia de la tercera, que no se mueve de su lado. El ministro se marcha, dejando sobre la mesa la otra carta sin importancia.
-Pues bien -dijo Dupin, dirigiéndose a mí-, ahí tiene usted lo que se requería para que el dominio del ladrón fuera completo: éste sabe que la persona robada lo conoce como el ladrón.
-En efecto -dijo el prefecto-, y el poder así obtenido ha sido usado en estos últimos meses para fines políticos, hasta un punto sumamente peligroso. La persona robada está cada vez más convencida de la necesidad de recobrar su carta. Pero, claro está, una cosa así no puede hacerse abiertamente. Por fin, arrastrada por la desesperación, dicha persona me ha encargado de la tarea.
-Para la cual -dijo Dupin, envuelto en un perfecto torbellino de humo- no podía haberse deseado, o siquiera imaginado, agente más sagaz.
-Me halaga usted -repuso el prefecto-, pero no es imposible que, en efecto, se tenga de mi tal opinión.
-Como hace usted notar -dije-, es evidente que la carta sigue en posesión del ministro, pues lo que le confiere su poder es dicha posesión y no su empleo. Apenas empleada la carta, el poder cesaría.
Muy cierto -convino G...-. Mis pesquisas se basan en esa convicción. Lo primero que hice fue registrar cuidadosamente la mansión del ministro, aunque la mayor dificultad residía en evitar que llegara a enterarse. Se me ha prevenido que, por sobre todo, debo impedir que sospeche nuestras intenciones, lo cual sería muy peligroso.
-Pero usted tiene todas las facilidades para ese tipo de investigaciones -dije-. No es la primera vez que la policía parisiense las practica.
-¡Oh, naturalmente! Por eso no me preocupé demasiado. Las costumbres del ministro me daban, además, una gran ventaja. Con frecuencia pasa la noche fuera de su casa. Los sirvientes no son muchos y duermen alejados de los aposentos de su amo; como casi todos son napolitanos, es muy fácil inducirlos a beber copiosamente. Bien saben ustedes que poseo llaves con las cuales puedo abrir cualquier habitación de París. Durante estos tres meses no ha pasado una noche sin que me dedicara personalmente a registrar la casa de D... Mi honor está en juego y, para confiarles un gran secreto, la recompensa prometida es enorme. Por eso no abandoné la búsqueda hasta no tener seguridad completa de que el ladrón es más astuto que yo. Estoy seguro de haber mirado en cada rincón posible de la casa donde la carta podría haber sido escondida.
-¿No sería posible -pregunté- que si bien la carta se halla en posesión del ministro, como parece incuestionable, éste la haya escondido en otra parte que en su casa?
-Es muy poco probable -dijo Dupin-. El especial giro de los asuntos actuales en la corte, y especialmente de las intrigas en las cuales se halla envuelto D..., exigen que el documento esté a mano y que pueda ser exhibido en cualquier momento; esto último es tan importante como el hecho mismo de su posesión.
-¿Que el documento pueda ser exhibido? -pregunte.
-Si lo prefiere, que pueda ser destruido -dijo Dupin.
-Pues bien -convine-, el papel tiene entonces que estar en la casa. Supongo que podemos descartar toda idea de que el ministro lo lleve consigo.
-Por supuesto -dijo el prefecto-. He mandado detenerlo dos veces por falsos salteadores de caminos y he visto personalmente cómo le registraban.
-Pudo usted ahorrarse esa molestia -dijo Dupin-. Supongo que D... no es completamente loco y que ha debido prever esos falsos asaltos como una consecuencia lógica.
-No es completamente loco -dijo G...-, pero es un poeta, lo que en mi opinión viene a ser más o menos lo mismo.
-Cierto -dijo Dupin, después de aspirar una profunda bocanada de su pipa de espuma de mar-, aunque, por mi parte, me confieso culpable de algunas malas rimas.
-¿Por qué no nos da detalles de su requisición? -pregunté.
-Pues bien; como disponíamos del tiempo necesario, buscamos en todas partes. Tengo una larga experiencia en estos casos. Revisé íntegramente la mansión, cuarto por cuarto, dedicando las noches de toda una semana a cada aposento. Primero examiné el moblaje. Abrimos todos los cajones; supongo que no ignoran ustedes que, para un agente de policía bien adiestrado, no hay cajón secreto que pueda escapársele. En una búsqueda de esta especie, el hombre que deja sin ver un cajón secreto es un imbécil. ¡Son tan evidentes! En cada mueble hay una cierta masa, un cierto espacio que debe ser explicado. Para eso tenemos reglas muy precisas. No se nos escaparía ni la quincuagésima parte de una línea.
»Terminada la inspección de armarios pasamos a las sillas. Atravesamos los almohadones con esas largas y finas agujas que me han visto ustedes emplear. Levantamos las tablas de las mesas.»
-¿Porqué?
-Con frecuencia, la persona que desea esconder algo levanta la tapa de una mesa o de un mueble similar, hace un orificio en cada una de las patas, esconde el objeto en cuestión y vuelve a poner la tabla en su sitio. Lo mismo suele hacerse en las cabeceras y postes de las camas.
-Pero, ¿no puede localizarse la cavidad por el sonido? -pregunté.
-De ninguna manera si, luego de haberse depositado el objeto, se lo rodea con una capa de algodón. Además, en este caso estábamos forzados a proceder sin hacer ruido.
-Pero es imposible que hayan ustedes revisado y desarmado todos los muebles donde pudo ser escondida la carta en la forma que menciona. Una carta puede ser reducida a un delgadísimo rollo, casi igual en volumen al de una aguja larga de tejer, y en esa forma se la puede insertar, por ejemplo, en el travesaño de una silla. ¿Supongo que no desarmaron todas las sillas?
-Por supuesto que no, pero hicimos algo mejor: examinamos los travesaños de todas las sillas de la casa y las junturas de todos los muebles con ayuda de un poderoso microscopio. Si hubiera habido la menor señal de un reciente cambio, no habríamos dejado de advertirlo instantáneamente. Un simple grano de polvo producido por un barreno nos hubiera saltado a los ojos como si fuera una manzana. La menor diferencia en la encoladura, la más mínima apertura en los ensamblajes, hubiera bastado para orientarnos.
-Supongo que miraron en los espejos, entre los marcos y el cristal, y que examinaron las camas y la ropa de la cama, así como los cortinados y alfombras.
-Naturalmente, y luego que hubimos revisado todo el moblaje en la misma forma minuciosa, pasamos a la casa misma. Dividimos su superficie en compartimentos que numeramos, a fin de que no se nos escapara ninguno; luego escrutamos cada pulgada cuadrada, incluyendo las dos casas adyacentes, siempre ayudados por el microscopio.
-¿Las dos casas adyacentes? -exclamé-. ¡Habrán tenido toda clase de dificultades!
-Sí. Pero la recompensa ofrecida es enorme.
-¿Incluían ustedes el terreno contiguo a las casas?
-Dicho terreno está pavimentado con ladrillos. No nos dio demasiado trabajo comparativamente, pues examinamos el musgo entre los ladrillos y lo encontramos intacto.
-¿Miraron entre los papeles de D..., naturalmente, y en los libros de la biblioteca?
-Claro está. Abrimos todos los paquetes, y no sólo examinamos cada libro, sino que lo hojeamos cuidadosamente, sin conformarnos con una mera sacudida, como suelen hacerlo nuestros oficiales de policía. Medimos asimismo el espesor de cada encuadernación, escrutándola luego de la manera más detallada con el microscopio. Si se hubiera insertado un papel en una de esas encuadernaciones, resultaría imposible que pasara inadvertido. Cinco o seis volúmenes que salían de manos del encuadernador fueron probados longitudinalmente con las agujas.
-¿Exploraron los pisos debajo de las alfombras?
-Sin duda. Levantamos todas las alfombras y examinamos las planchas con el microscopio.
-¿Y el papel de las paredes?
-Lo mismo.
-¿Miraron en los sótanos?
-Miramos.
-Pues entonces -declaré- se ha equivocado usted en sus cálculos y la carta no está en la casa del ministro.
-Me temo que tenga razón -dijo el prefecto-. Pues bien, Dupin, ¿qué me aconseja usted?
-Revisar de nuevo completamente la casa.
-¡Pero es inútil! -replicó G...-. Tan seguro estoy de que respiro como de que la carta no está en la casa.
-No tengo mejor consejo que darle -dijo Dupin-. Supongo que posee usted una descripción precisa de la carta.
-¡Oh, sí!
Luego de extraer una libreta, el prefecto procedió a leernos una minuciosa descripción del aspecto interior de la carta, y especialmente del exterior. Poco después de terminar su lectura se despidió de nosotros, desanimado como jamás lo había visto antes.
Un mes más tarde nos hizo otra visita y nos encontró ocupados casi en la misma forma que la primera vez. Tomó posesión de una pipa y un sillón y se puso a charlar de cosas triviales. Al cabo de un rato le dije:
-Veamos, G..., ¿qué pasó con la carta robada? Supongo que, por lo menos, se habrá convencido de que no es cosa fácil sobrepujar en astucia al ministro.
-¡El diablo se lo lleve! Volví a revisar su casa, como me lo había aconsejado Dupin, pero fue tiempo perdido. Ya lo sabía yo de antemano.
-¿A cuánto dijo usted que ascendía la recompensa ofrecida? -preguntó Dupin.
-Pues... a mucho dinero... muchísimo. No quiero decir exactamente cuánto, pero eso sí, afirmo que estaría dispuesto a firmar un cheque por cincuenta mil francos a cualquiera que me consiguiese esa carta. El asunto va adquiriendo día a día más importancia, y la recompensa ha sido recientemente doblada. Pero, aunque ofrecieran tres voces esa suma, no podría hacer más de lo que he hecho.
-Pues... la verdad... -dijo Dupin, arrastrando las palabras entre bocanadas de humo-, me parece a mí, G..., que usted no ha hecho... todo lo que podía hacerse. ¿No cree que... aún podría hacer algo más, eh?
-¿Cómo? ¿En qué sentido?
-Pues... puf... podría usted... puf, puf... pedir consejo en este asunto... puf, puf, puf... ¿Se acuerda de la historia que cuentan de Abernethy?
-No. ¡Al diablo con Abernethy!
-De acuerdo. ¡Al diablo, pero bienvenido! Érase una vez cierto avaro que tuvo la idea de obtener gratis el consejo médico de Abernethy. Aprovechó una reunión y una conversación corrientes para explicar un caso personal como si se tratara del de otra persona. «Supongamos que los síntomas del enfermo son tales y cuales -dijo-. Ahora bien, doctor: ¿qué le aconsejaría usted hacer?» «Lo que yo le aconsejaría -repuso Abernethy- es que consultara a un médico.»
-¡Vamos! -exclamó el prefecto, bastante desconcertado-. Estoy plenamente dispuesto a pedir consejo y a pagar por él. De verdad, daría cincuenta mil francos a quienquiera me ayudara en este asunto.
-En ese caso -replicó Dupin, abriendo un cajón y sacando una libreta de cheques-, bien puede usted llenarme un cheque por la suma mencionada. Cuando lo haya firmado le entregaré la carta.
Me quedé estupefacto. En cuanto al prefecto, parecía fulminado. Durante algunos minutos fue incapaz de hablar y de moverse, mientras contemplaba a mi amigo con ojos que parecían salírsele de las órbitas y con la boca abierta. Recobrándose un tanto, tomó una pluma y, después de varias pausas y abstraídas contemplaciones, llenó y firmó un cheque por cincuenta mil francos, extendiéndolo por encima de la mesa a Dupin. Éste lo examinó cuidadosamente y lo guardo en su cartera; luego, abriendo un escritorio, sacó una carta y la entregó al prefecto. Nuestro funcionario la tomó en una convulsión de alegría, la abrió con manos trémulas, lanzó una ojeada a su contenido y luego, lanzándose vacilante hacia la puerta, desapareció bruscamente del cuarto y de la casa, sin haber pronunciado una sílaba desde el momento en que Dupin le pidió que llenara el cheque.
Una vez que se hubo marchado, mi amigo consintió en darme algunas explicaciones.
-La policía parisiense es sumamente hábil a su manera -dijo-. Es perseverante, ingeniosa, astuta y muy versada en los conocimientos que sus deberes exigen. Así, cuando G... nos explicó su manera de registrar la mansión de D..., tuve plena confianza en que había cumplido una investigación satisfactoria, hasta donde podía alcanzar.
-¿Hasta donde podía alcanzar? -repetí.
-Sí -dijo Dupin-. Las medidas adoptadas no solamente eran las mejores en su género, sino que habían sido llevadas a la más absoluta perfección. Si la carta hubiera estado dentro del ámbito de su búsqueda, no cabe la menor duda de que los policías la hubieran encontrado.
Me eché a reír, pero Dupin parecía hablar muy en serio.
-Las medidas -continuó- eran excelentes en su género, y fueron bien ejecutadas; su defecto residía en que eran inaplicables al caso y al hombre en cuestión. Una cierta cantidad de recursos altamente ingeniosos constituyen para el prefecto una especie de lecho de Procusto, en el cual quiere meter a la fuerza sus designios. Continuamente se equivoca por ser demasiado profundo o demasiado superficial para el caso, y más de un colegial razonaría mejor que él. Conocí a uno que tenía ocho años y cuyos triunfos en el juego de «par e impar» atraían la admiración general. El juego es muy sencillo y se juega con bolitas. Uno de los contendientes oculta en la mano cierta cantidad de bolitas y pregunta al otro: «¿Par o impar?» Si éste adivina correctamente, gana una bolita; si se equivoca, pierde una. El niño de quien hablo ganaba todas las bolitas de la escuela. Naturalmente, tenía un método de adivinación que consistía en la simple observación y en el cálculo de la astucia de sus adversarios. Supongamos que uno de éstos sea un perfecto tonto y que, levantando la mano cerrada, le pregunta: «¿Par o impar?» Nuestro colegial responde: «Impar», y pierde, pero a la segunda vez gana, por cuanto se ha dicho a sí mismo: «El tonto tenía pares la primera vez, y su astucia no va más allá de preparar impares para la segunda vez. Por lo tanto, diré impar.» Lo dice, y gana. Ahora bien, si le toca jugar con un tonto ligeramente superior al anterior, razonará en la siguiente forma: «Este muchacho sabe que la primera vez elegí impar, y en la segunda se le ocurrirá como primer impulso pasar de par a impar, pero entonces un nuevo impulso le sugerirá que la variación es demasiado sencilla, y finalmente se decidirá a poner bolitas pares como la primera vez. Por lo tanto, diré pares.» Así lo hace, y gana. Ahora bien, esta manera de razonar del colegial, a quien sus camaradas llaman «afortunado», ¿en qué consiste si se la analiza con cuidado?
-Consiste -repuse- en la identificación del intelecto del razonador con el de su oponente.
-Exactamente -dijo Dupin-. Cuando pregunté al muchacho de qué manera lograba esa total identificación en la cual residían sus triunfos, me contestó: «Si quiero averiguar si alguien es inteligente, o estúpido, o bueno, o malo, y saber cuáles son sus pensamientos en ese momento, adapto lo más posible la expresión de mi cara a la de la suya, y luego espero hasta ver qué pensamientos o sentimientos surgen en mi mente o en mi corazón, coincidentes con la expresión de mi cara.» Esta respuesta del colegial está en la base de toda la falsa profundidad atribuida a La Rochefoucauld, La Bruyère, Maquiavelo y Campanella.
-Si comprendo bien -dije- la identificación del intelecto del razonador con el de su oponente depende de la precisión con que se mida la inteligencia de este último.
-Depende de ello para sus resultados prácticos -replicó Dupin-, y el prefecto y sus cohortes fracasan con tanta frecuencia, primero por no lograr dicha identificación y segundo por medir mal -o, mejor dicho, por no medir- el intelecto con el cual se miden. Sólo tienen en cuenta sus propias ideas ingeniosas y, al buscar alguna cosa oculta, se fijan solamente en los métodos que ellos hubieran empleado para ocultarla. Tienen mucha razón en la medida en que su propio ingenio es fiel representante del de la masa; pero, cuando la astucia del malhechor posee un carácter distinto de la suya, aquél los derrota, como es natural. Esto ocurre siempre cuando se trata de una astucia superior a la suya y, muy frecuentemente, cuando está por debajo. Los policías no admiten variación de principio en sus investigaciones; a lo sumo, si se ven apurados por algún caso insólito, o movidos por una recompensa extraordinaria, extienden o exageran sus viejas modalidades rutinarias, pero sin tocar los principios. Por ejemplo, en este asunto de D..., ¿qué se ha hecho para modificar el principio de acción? ¿Qué son esas perforaciones, esos escrutinios con el microscopio, esa división de la superficie del edificio en pulgadas cuadradas numeradas? ¿Qué representan sino la aplicación exagerada del principio o la serie de principios que rigen una búsqueda, y que se basan a su vez en una serie de nociones sobre el ingenio humano, a las cuales se ha acostumbrado el prefecto en la prolongada rutina de su tarea? ¿No ha advertido que G... da por sentado que todo hombre esconde una carta, si no exactamente en un agujero practicado en la pata de una silla, por lo menos en algún agujero o rincón sugerido por la misma línea de pensamiento que inspira la idea de esconderla en un agujero hecho en la pata de una silla? Observe asimismo que esos escondrijos rebuscados sólo se utilizan en ocasiones ordinarias, y sólo serán elegidos por inteligencias igualmente ordinarias; vale decir que en todos los casos de ocultamiento cabe presumir, en primer término, que se lo ha efectuado dentro de esas líneas; por lo tanto, su descubrimiento no depende en absoluto de la perspicacia, sino del cuidado, la paciencia y la obstinación de los buscadores; y si el caso es de importancia (o la recompensa magnifica, lo cual equivale a la misma cosa a los ojos de los policías), las cualidades aludidas no fracasan jamás. Comprenderá usted ahora lo que quiero decir cuando sostengo que si la carta robada hubiese estado escondida en cualquier parte dentro de los límites de la perquisición del prefecto (en otras palabras, si el principio rector de su ocultamiento hubiera estado comprendido dentro de los principios del prefecto) hubiera sido descubierta sin la más mínima duda. Pero nuestro funcionario ha sido mistificado por completo, y la remota fuente de su derrota yace en su suposición de que el ministro es un loco porque ha logrado renombre como poeta. Todos los locos son poetas en el pensamiento del prefecto, de donde cabe considerarlo culpable de un non distributio medii por inferir de lo anterior que todos los poetas son locos.
-¿Pero se trata realmente del poeta? -pregunté-. Sé que D... tiene un hermano, y que ambos han logrado reputación en el campo de las letras. Creo que el ministro ha escrito una obra notable sobre el cálculo diferencial. Es un matemático y no un poeta.
-Se equivoca usted. Lo conozco bien, y sé que es ambas cosas. Como poeta y matemático es capaz de razonar bien, en tanto que como mero matemático hubiera sido capaz de hacerlo y habría quedado a merced del prefecto.
-Me sorprenden esas opiniones -dije-, que el consenso universal contradice. Supongo que no pretende usted aniquilar nociones que tienen siglos de existencia sancionada. La razón matemática fue considerada siempre como la razón por excelencia.
-Il y a à parier -replicó Dupin, citando a Chamfort- que toute idée publique, toute convention reçue est une sottise, car elle a convenu au plus grand nombre. Le aseguro que los matemáticos han sido los primeros en difundir el error popular al cual alude usted, y que no por difundido deja de ser un error. Con arte digno de mejor causa han introducido, por ejemplo, el término «análisis» en las operaciones algebraicas. Los franceses son los causantes de este engaño, pero si un término tiene alguna importancia, si las palabras derivan su valor de su aplicación, entonces concedo que «análisis» abarca «álgebra», tanto como en latín ambitus implica «ambición»; religio, «religión», u homines honesti, la clase de las gentes honorables.
-Me temo que se malquiste usted con algunos de los algebristas de París. Pero continúe.
-Niego la validez y, por tanto, los resultados de una razón cultivada por cualquier procedimiento especial que no sea el lógico abstracto. Niego, en particular, la razón extraída del estudio matemático. Las matemáticas constituyen la ciencia de la forma y la cantidad; el razonamiento matemático es simplemente la lógica aplicada a la observación de la forma y la cantidad. El gran error está en suponer que incluso las verdades de lo que se denomina álgebra pura constituyen verdades abstractas o generales. Y este error es tan enorme que me asombra se lo haya aceptado universalmente. Los axiomas matemáticos no son axiomas de validez general. Lo que es cierto de la relación (de la forma y la cantidad) resulta con frecuencia erróneo aplicado, por ejemplo, a la moral. En esta última ciencia suele no ser cierto que el todo sea igual a la suma de las partes. También en química este axioma no se cumple. En la consideración de los móviles falla igualmente, pues dos móviles de un valor dado no alcanzan necesariamente al sumarse un valor equivalente a la suma de sus valores. Hay muchas otras verdades matemáticas que sólo son tales dentro de los límites de la relación. Pero el matemático, llevado por el hábito, arguye, basándose en sus verdades finitas, como si tuvieran una aplicación general, cosa que por lo demás la gente acepta y cree. En su erudita Mitología, Bryant alude a una análoga fuente de error cuando señala que, «aunque no se cree en las fábulas paganas, solemos olvidarnos de ello y extraemos consecuencias como si fueran realidades existentes». Pero, para los algebristas, que son realmente paganos, las «fábulas paganas» constituyen materia de credulidad, y las inferencias que de ellas extraen no nacen de un descuido de la memoria sino de un inexplicable reblandecimiento mental. Para resumir: jamás he encontrado a un matemático en quien se pudiera confiar fuera de sus raíces y sus ecuaciones, o que no tuviera por artículo de fe que x2+px es absoluta e incondicionalmente igual a q. Por vía de experimento, diga a uno de esos caballeros que, en su opinión, podrían darse casos en que x2+px no fuera absolutamente igual a q; pero, una vez que le haya hecho comprender lo que quiere decir, sálgase de su camino lo antes posible, porque es seguro que tratará de golpearlo.
»Lo que busco indicar -agregó Dupin, mientras yo reía de sus últimas observaciones- es que, si el ministro hubiera sido sólo un matemático, el prefecto no se habría visto en la necesidad de extenderme este cheque. Pero sé que es tanto matemático como poeta, y mis medidas se han adaptado a sus capacidades, teniendo en cuenta las circunstancias que lo rodeaban. Sabía que es un cortesano y un audaz intrigant. Pensé que un hombre semejante no dejaría de estar al tanto de los métodos policiales ordinarios. Imposible que no anticipara (y los hechos lo han probado así) los falsos asaltos a que fue sometido. Reflexioné que igualmente habría previsto las pesquisiciones secretas en su casa. Sus frecuentes ausencias nocturnas, que el prefecto consideraba una excelente ayuda para su triunfo, me parecieron simplemente astucias destinadas a brindar oportunidades a la perquisición y convencer lo antes posible a la policía de que la carta no se hallaba en la casa, como G... terminó finalmente por creer. Me pareció asimismo que toda la serie de pensamientos que con algún trabajo acabo de exponerle y que se refieren al principio invariable de la acción policial en sus búsquedas de objetos ocultos, no podía dejar de ocurrírsele al ministro. Ello debía conducirlo inflexiblemente a desdeñar todos los escondrijos vulgares. Reflexioné que ese hombre no podía ser tan simple como para no comprender que el rincón más remoto e inaccesible de su morada estaría tan abierto como el más vulgar de los armarios a los ojos, las sondas, los barrenos y los microscopios del prefecto. Vi, por último, que D... terminaría necesariamente en la simplicidad, si es que no la adoptaba por una cuestión de gusto personal. Quizá recuerde usted con qué ganas rió el prefecto cuando, en nuestra primera entrevista, sugerí que acaso el misterio lo perturbaba por su absoluta evidencia.
-Me acuerdo muy bien -respondí-. Por un momento pensé que iban a darle convulsiones.
-El mundo material -continuó Dupin- abunda en estrictas analogías con el inmaterial, y ello tiñe de verdad el dogma retórico según el cual la metáfora o el símil sirven tanto para reforzar un argumento como para embellecer una descripción. El principio de la vis inertiæ, por ejemplo, parece idéntico en la física y en la metafísica. Si en la primera es cierto que resulta más difícil poner en movimiento un cuerpo grande que uno pequeño, y que el impulso o cantidad de movimiento subsecuente se hallará en relación con la dificultad, no menos cierto es en metafísica que los intelectos de máxima capacidad, aunque más vigorosos, constantes y eficaces en sus avances que los de grado inferior, son más lentos en iniciar dicho avance y se muestran más embarazados y vacilantes en los primeros pasos. Otra cosa: ¿Ha observado usted alguna vez, entre las muestras de las tiendas, cuáles atraen la atención en mayor grado?
-Jamás se me ocurrió pensarlo -dije.
-Hay un juego de adivinación -continuó Dupin- que se juega con un mapa. Uno de los participantes pide al otro que encuentre una palabra dada: el nombre de una ciudad, un río, un Estado o un imperio; en suma, cualquier palabra que figure en la abigarrada y complicada superficie del mapa. Por lo regular, un novato en el juego busca confundir a su oponente proponiéndole los nombres escritos con los caracteres más pequeños, mientras que el buen jugador escogerá aquellos que se extienden con grandes letras de una parte a otra del mapa. Estos últimos, al igual que las muestras y carteles excesivamente grandes, escapan a la atención a fuerza de ser evidentes, y en esto la desatención ocular resulta análoga al descuido que lleva al intelecto a no tomar en cuenta consideraciones excesivas y palpablemente evidentes. De todos modos, es éste un asunto que se halla por encima o por debajo del entendimiento del prefecto. Jamás se le ocurrió como probable o posible que el ministro hubiera dejado la carta delante de las narices del mundo entero, a fin de impedir mejor que una parte de ese mundo pudiera verla.
»Cuanto más pensaba en el audaz, decidido y característico ingenio de D..., en que el documento debía hallarse siempre a mano si pretendía servirse de él para sus fines, y en la absoluta seguridad proporcionada por el prefecto de que el documento no se hallaba oculto dentro de los límites de las búsquedas ordinarias de dicho funcionario, más seguro me sentía de que, para esconder la carta, el ministro había acudido al más amplio y sagaz de los expedientes: el no ocultarla.
»Compenetrado de estas ideas, me puse un par de anteojos verdes, y una hermosa mañana acudí como por casualidad a la mansión ministerial. Hallé a D... en casa, bostezando, paseándose sin hacer nada y pretendiendo hallarse en el colmo del ennui. Probablemente se trataba del más activo y enérgico de los seres vivientes, pero eso tan sólo cuando nadie lo ve.
»Para no ser menos, me quejé del mal estado de mi vista y de la necesidad de usar anteojos, bajo cuya protección pude observar cautelosa pero detalladamente el aposento, mientras en apariencia seguía con toda atención las palabras de mi huésped.
»Dediqué especial cuidado a una gran mesa-escritorio junto a la cual se sentaba D..., y en la que aparecían mezcladas algunas cartas y papeles, juntamente con un par de instrumentos musicales y unos pocos libros. Pero, después de un prolongado y atento escrutinio, no vi nada que procurara mis sospechas.

»Dando la vuelta al aposento, mis ojos cayeron por fin sobre un insignificante tarjetero de cartón recortado que colgaba, sujeto por una sucia cinta azul, de una pequeña perilla de bronce en mitad de la repisa de la chimenea. En este tarjetero, que estaba dividido en tres o cuatro compartimentos, vi cinco o seis tarjetas de visitantes y una sola carta. Esta última parecía muy arrugada y manchada. Estaba rota casi por la mitad, como si a una primera intención de destruirla por inútil hubiera sucedido otra. Ostentaba un gran sello negro, con el monograma de D... muy visible, y el sobrescrito, dirigido al mismo ministro revelaba una letra menuda y femenina. La carta había sido arrojada con descuido, casi se diría que desdeñosamente, en uno de los compartimentos superiores del tarjetero.
»Tan pronto hube visto dicha carta, me di cuenta de que era la que buscaba. Por cierto que su apariencia difería completamente de la minuciosa descripción que nos había leído el prefecto. En este caso el sello era grande y negro, con el monograma de D...; en el otro, era pequeño y rojo, con las armas ducales de la familia S... El sobrescrito de la presente carta mostraba una letra menuda y femenina, mientras que el otro, dirigido a cierta persona real, había sido trazado con caracteres firmes y decididos. Sólo el tamaño mostraba analogía. Pero, en cambio, lo radical de unas diferencias que resultaban excesivas; la suciedad, el papel arrugado y roto en parte, tan inconciliables con los verdaderos hábitos metódicos de D..., y tan sugestivos de la intención de engañar sobre el verdadero valor del documento, todo ello, digo sumado a la ubicación de la carta, insolentemente colocada bajo los ojos de cualquier visitante, y coincidente, por tanto, con las conclusiones a las que ya había arribado, corroboraron decididamente las sospechas de alguien que había ido allá con intenciones de sospechar.
»Prolongué lo más posible mi visita y, mientras discutía animadamente con el ministro acerca de un tema que jamás ha dejado de interesarle y apasionarlo, mantuve mi atención clavada en la carta. Confiaba así a mi memoria los detalles de su apariencia exterior y de su colocación en el tarjetero; pero terminé además por descubrir algo que disipó las últimas dudas que podía haber abrigado. Al mirar atentamente los bordes del papel, noté que estaban más ajados de lo necesario. Presentaban el aspecto típico de todo papel grueso que ha sido doblado y aplastado con una plegadera, y que luego es vuelto en sentido contrario, usando los mismos pliegues formados la primera vez. Este descubrimiento me bastó. Era evidente que la carta había sido dada vuelta como un guante, a fin de ponerle un nuevo sobrescrito y un nuevo sello. Me despedí del ministro y me marché en seguida, dejando sobre la mesa una tabaquera de oro.
»A la mañana siguiente volví en busca de la tabaquera, y reanudamos placenteramente la conversación del día anterior. Pero, mientras departíamos, oyóse justo debajo de las ventanas un disparo como de pistola, seguido por una serie de gritos espantosos y las voces de una multitud aterrorizada. D... corrió a una ventana, la abrió de par en par y miró hacia afuera. Por mi parte, me acerqué al tarjetero, saqué la carta, guardándola en el bolsillo, y la reemplacé por un facsímil (por lo menos en el aspecto exterior) que había preparado cuidadosamente en casa, imitando el monograma de D... con ayuda de un sello de miga de pan.
»La causa del alboroto callejero había sido la extravagante conducta de un hombre armado de un fusil, quien acababa de disparar el arma contra un grupo de mujeres y niños. Comprobóse, sin embargo, que el arma no estaba cargada, y los presentes dejaron en libertad al individuo considerándolo borracho o loco. Apenas se hubo alejado, D... se apartó de la ventana, donde me le había reunido inmediatamente después de apoderarme de la carta. Momentos después me despedí de él. Por cierto que el pretendido lunático había sido pagado por mí.»
-¿Pero qué intención tenía usted -pregunté- al reemplazar la carta por un facsímil? ¿No hubiera sido preferible apoderarse abiertamente de ella en su primera visita, y abandonar la casa?


-D... es un hombre resuelto a todo y lleno de coraje -repuso Dupin-. En su casa no faltan servidores devotos a su causa. Si me hubiera atrevido a lo que usted sugiere, jamás habría salido de allí con vida. El buen pueblo de París no hubiese oído hablar nunca más de mí. Pero, además, llevaba una segunda intención. Bien conoce usted mis preferencias políticas. En este asunto he actuado como partidario de la dama en cuestión. Durante dieciocho meses, el ministro la tuvo a su merced. Ahora es ella quien lo tiene a él, pues, ignorante de que la carta no se halla ya en su posesión, D... continuará presionando como si la tuviera. Esto lo llevará inevitablemente a la ruina política. Su caída, además, será tan precipitada como ridícula. Está muy bien hablar del facilis descensus Averni; pero, en materia de ascensiones, cabe decir lo que la Catalani decía del canto, o sea, que es mucho más fácil subir que bajar. En el presente caso no tengo simpatía -o, por lo menos, compasión- hacia el que baja. D... es el monstrum horrendum, el hombre de genio carente de principios. Confieso, sin embargo, que me gustaría conocer sus pensamientos cuando, al recibir el desafío de aquélla a quien el prefecto llama «cierta persona», se vea forzado a abrir la carta que le dejé en el tarjetero.
-¿Cómo? ¿Escribió usted algo en ella?
-¡Vamos, no me pareció bien dejar el interior en blanco!
Hubiera sido insultante. Cierta vez, en Viena, D... me jugó una mala pasada, y sin perder el buen humor le dije que no la olvidaría. De modo que, como no dudo de que sentirá cierta curiosidad por saber quién se ha mostrado más ingenioso que él, pensé que era una lástima no dejarle un indicio. Como conoce muy bien mi letra, me limité a copiar en mitad de la página estas palabras:


...Un dessein si funeste, S’il n’est digne d’Atrée, est digne de Thyeste.


»Las hallará usted en el Atrée de Crébillon.»


FIN

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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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16 diciembre 2014 2 16 /12 /diciembre /2014 21:55
"La humanitat canvia sempre, però hi ha unes constants. La gent es torna idiota quan s'enamora, les persones volen el que no poden tenir, i les edats compreses entre els dotze i els divuit anys són sempre, sempre, una porqueria."

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CLAUDIA GRAY


Encara no és ben bé de nit, ni tampoc mitjanit. Encara no m'he adormit, de pensar m'he fet un tip.
Estic dins del llit, i he decidit, amb l'embolic del meu propi anhel reprimit, que guardo dins meu sense preu com un dit petit aixafat dins del pit agafant-se al neguit el meu cor cohibit, a la recerca d'un somni que no cau en l'oblit i que rau en el gest més petit, com un sospir o un replic, fer una ressenya d'un llibre fa temps llegit, que es titula MITJANIT, tot i que encara no és mitjanit i encara no m'he adormit, i de pensar m'he fet un tip, i no sé de què ric. 
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CLAUDIA GRAY           (Amy Vincent)
BIOGRAFIA

Claudia Gray ( Amy Vincent nacida el 12 de junio de 1970) es una escritora estadounidense conocida por escribir la saga Medianoche (Medianoche, Adicción, Despedida, Renacer Balthazar).
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SINOPSIS

La primera novel·la d’una saga trepidant se centra en Bianca Olivier, una noia que sent que no pertany a cap lloc i que els seus pares la protegeixen massa de tot. Ara que ha arribat a Mitjanit; una prestigiosa institució acadèmica en la qual estarà internada durant tot l’any,se sent desplaçada, fora de context en un internat en el qual tots els nois tenen els pectorals quadrats i les noies unes cames de model. Sovint té malsons i té ganes de fugir...


Però en el moment precís apareix en Lucas Ross, un noi ros, simpàtic però misteriós que tampoc sembla adaptar-se a l’acadèmia. La Bianca anirà traçant plans i s’anirà integrant en aquest internat però caurà inevitablement en les xarxes d’en Lucas. A això se li sumen nous problemes que apareixeran i que tindran a veure amb el nom de Baltasar, amb la sang i amb un petó que podria resultar mortal...

Mitjanit et deixarà bocabadat/a amb la seva màgia, passió i emocionants aventures que hauran de superar els protagonistes per tal de poder estar junts, per sempre.
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FRASES

Hi ha persones a les quals els agrada conèixer gent nova i no els costa gens començar una conversa i fer amics ràpidament, però, jo, ni era així ni ho havia estat mai. Tot el contrari.
Em fa gràcia: quan les persones et qualifiquen de “tímida” sovint somriuen. Com si ser tímid fos una cosa graciosa (...)

(...) si sabessin com se sent realment una persona tímida-i no em refereixo a algú que només se sent insegur al principi-, no somriurien.
(...) Havia decidit que més valia gaudir quan en tenia l'oportunitat.
El silenci s'allargava, però no es feia estrany. A vegades hi ha persones amb qui pots estar en silenci sense sentir la necessitat d'haver de parlar de banalitats.
Al llarg de la meva vida, només havia trobat dues persones allà on vivíem amb qui podia fer això, i sempre havia cregut que es necessitaven anys per trobar-les.

-M'agraden els llocs com aquests- va dir en Lucas -.Són reals. No pas com aquestes cadenes dissenyades totes iguals.

-A mi també. Pots estar tranquil i ser tu mateix.        
-Ser jo mateix-el seu somriure era llunyà, com si es rigués d'alguna cosa que només ell sabia-
Hauria de ser més fàcil del que és.       
L'entenia perfectament.

(...) Ningú mai no pensa que pot passar res de dolent fins que realment passa alguna cosa.

Bianca, tu tens un destí. Vas néixer vampir. Mai no n'has de dubtar, d'això, i no vull que comencis a dubtar-ne ara.

Tots els segles que he conegut i les meravelles que he vist no tenen ni punt de comparació amb el fet d'estar viu.      
(...) -Gaudeix de la vida mentre en tinguis. No dura per sempre, ni per als vampirs ni per a ningú.

Si estimes algú no pots deixar que les mentides s'interposin entre vosaltres. No importa el que va passar, fins i tot si us heu perdut l'un a l'altre per sempre, us deveu la veritat.

La humanitat canvia sempre, però hi ha unes constants. La gent es torna idiota quan s'enamora, les persones volen el que no poden tenir, i les edats compreses entre els dotze i els divuit anys són sempre, sempre, una porqueria.

Estàs viva, Bianca. Encara no pots apreciar què significa estar viu. És millor que ser vampir, és millor que qualsevol altra cosa del món. Recordo molt poques coses sobre com era estar viu i si ho pogués tornar a sentir, ni que fos per un dia, valdria més que qualsevol altra cosa del món. Fins i tot tornar a morir, aquest cop per sempre.
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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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27 noviembre 2014 4 27 /11 /noviembre /2014 17:33

Hi ha llibres de terror que són només per passar l'estona, que només t'aconsegueixen fer tremolar lleugerament durant un instant. Però Stephen King és un mestre del gènere de terror, i sap com espantar-nos de debò. Un clar exemple és la seva novel·la "El Resplandor.", anys després de la seva publicació adaptada a la gran pantalla -una mica imaginativament, tot s'ha de dir- pel grandíssim Stanley Kubrick.

 

 

SINOPSIS

 

REDRUM. Esa es la palabra que Danny había visto en el espejo.

Y aunque no sabía leer, entendió que era un mensaje de horror. Danny tenía cinco años. Y a esa edad pocos niños saben que los espejos invierten las imágenes y menos aún saben diferenciar entre realidad y fantasía. Pero Danny tenía pruebas de que sus fantasías relacionadas con el resplandor del espejo acabarían cumpliéndose: REDRUM… MURDER, asesinato. Pero su padre necesitaba aquel trabajo en el hotel. Danny sabía que su madre pensaba en el divorcio y que su padre se obsesionaba con algo muy malo, tan malo como la muerte y el suicidio. Sí, su padre necesitaba aceptar la propuesta de cuidar de aquel hotel de lujo de más de cien habitaciones, aislado por la nieve durante seis meses. Hasta el deshielo iban a estar solos. ¿Solos?...

 

 

 

 

FRASES

 

STEPHEN KING

 

EL RESPLANDOR

 

La soledad en sí misma puede ser peligrosa.  Es mejor que un hombre tenga consigo a su família.

¡Qué difícil era recordarlo todo a través de la bruma de cólera, el golpe seco y desafinado de ese único acorde! Wendy preguntó desde alguna parte qué pasaba...Jack agarró a Danny para darle unos azotes.

 

Sus gruesos dedos se hundieron en la delicada carne del pequeño antebrazo, apretando hasta cerrar el puño. El chasquido del hueso al romperse no fue muy fuerte, trató de convencerse Jack, aunque

en realidad le había parecido ensordecedor, abriéndose paso como una flecha a través de la bruma roja. Sin embargo, en vez de dejar entrar la luz del sol, aquel ruido había dejado paso a las nubes

oscuras del remordimiento y la vergüenza, del terror, de la angustiosa convulsión del espíritu. Fue un ruido precioso, que separaba el pasado del futuro, un sonido como el que hace un lápiz cuando

se quiebra, o una astilla para el fuego, después de romperla con la rodilla. 

 

Todos los grandes hoteles tienen escándalos. Lo mismo que cualquier gran hotel tiene fantasmas. 

 

Un hombre tiene que aprovechar lo que encuentra, especialmente cuando van pasando los años.

Aunque no tuviera reloj ni supiera leer todavía la hora, Danny se daba cuenta del paso del tiempo por el alargamiento de las sombras y por el tono dorado que empezaba a adoptar la luz de la tarde.

 

Parecía mejor estar solo que esperar cualquier cosa que pudiera suceder.

 

A veces, cuando se esforzaba mucho en pensar, las cosas reales se alejaban y veía otras que no estaban.

Cuando regresó al mundo de las cosas reales, estaba tendido en el suelo, manchado de judías y puré de patatas, y su mamá lo tenía en brazos llorando mientras papá llamaba por teléfono.

Finalmente volvió a meterse en la cama y se cubrió con las mantas. Se quedó mirando cómo las sombras que arrojaba sobre el cielo raso esa luz lejana se convertían en una jungla sinuosa llena de plantas carnívoras, que no querían otra cosa que enredarse en torno a él, estrujarlo hasta quitarle la vida y arrastrarlo hacia abajo, hacia una negrura donde destellaba, en rojo, una sola palabra, siniestra: REDRUM

 

Hay mucha gente que tiene un poco de esplendor, aunque ni siquiera lo sepa. Son los que siempre aparecen con flores cuando su mujer está triste, los que responden bien a las preguntas en la escuela

sin haber estudiado, los que se dan cuentade cómo se siente la gente con sólo entrar en una habitación. 

 

A veces sueño cuando estoy despierto.

 

La gente...siente cosas, y yo también las siento, ¡pero no sé qué es lo que siento!

Era posible pasar de una situación pasiva a una activa, hacerse dueño de aquello que había estado a punto de llevarlo a la locura y tomarlo como un premio, como algo que no pasaba de tener un interés 

académico.

 

Danny huía del ruido ensordecedor a través de retorcidos y laberínticos corredores, mientras sus pies desnudos susurraban sobre la suavidad de una selva azul y negra. Cada vez que, a sus espaldas,

oía el estruendo del mazo de roqué al estallarse contra la pared, quería gritar. Pero no debía.

 

Pero ni siquiera recordaba lo que había olvidado. Todo estaba oscuro y en su terror había perdido el sentido de la orientación. Había escapado por un corredor y después por otro, con el corazón

latiendo como un bloque de hielo ardiente, temiendo tras cada recodo encontrarse frente al tigre humano que erraba por los pasillos.

 

Los golpes se oían cada vez más cerca. Percibía el silbido que emitía la cabeza del mazo al cortar el aire antes de estallarse contra la pared; el susurro suave de los pies sobre la alfombra selvática; el sabor

del pánico en la boca, como un jugo amargo.

 

Al doblar la esquina vio, con un horror insidioso y sin resquicios, que estaba en un callejón sin salida. Desde todos lados, las puertas cerradas lo miraban hoscamente.

 

Retrocedió contra la pared, llorando de terror, el corazón palpitante como el de un conejo atrapado. Al apoyar la espalda contra el sedoso papel de color azul, con su dibujo de líneas onduladas, las

piernas se le aflojaron y se desplomó sobre la alfombra, con las manos abiertas sobre la jungla de enredaderas y lianas entretejidas, respirando con dificultad.

 

En los pasillos había un tigre que estaba a punto de alcanzarlo, sin dejar de vociferar en su cólera enloquecida, lunática e impaciente, esgrimiendo el mazo de roqué. Sí, se trataba de un tigre, aunque

tenía dos piernas y era... Despertó súbitamente, irguiéndose en la cama, con los ojos muy abiertos mirando la oscuridad y ambas manos cruzadas sobre la cara.

Tony estaba por allí, en la oscuridad, repitiendo una y otra vez las mismas palabras incomprensibles:   -Este lugar inhumano hace monstruos humanos...

 

Todos recordamos con mayor claridad los sueños agradables que los que nos asustan. Parece que en algún rincón entre lo consciente y lo subconsciente hubiera un catalizador, donde viviera un puritano 

de mil demonios, un censor que sólo deja pasar muy poco. Y frecuentemente lo que consiente no es más que lo simbólico. Todo esto es Freud supersimplificado, pero describe bastante bien lo que sabemos.

 

Correría el riesgo de las pesadillas. ¡Necesitaba saber!

Danny todavía estaba despierto cuando el falso sueño de sus padres se había convertido en real. Dio vueltas en la cama, enredándose en las sábanas, luchando con un problema demasiado grande para él, despierto en la noche como un solitario centinela. Y después de medianoche, cuando él también se durmió, no quedó despierto más que el viento, lanzándose contra el hotel y silbando en los aleros,

bajo la mirada fría y penetrante de las estrellas.

 

Quiero hacer lo que está bien, pero no sé qué es. ¿Deberíamos marcharnos o quedarnos? Es como elegir entre la sartén y las brasas.

 

Todos los días nevaba, a veces en breves rachas que apenas espolvoreaban la costa reluciente de nieve ya helada, otras veces lo hacía con fuerza, y entonces el grave susurro del viento se elevaba

hasta convertirse en un alarido que hacía que el viejo hotel se estremeciera de manera alarmante, aun en medio de un profundo lecho de nieve. 

 

Las promesas se hacen para romperlas, mi querido redrum para romperlas, astillarlas, reventarlas, martillarlas.

 

Jack tenía la impresión de que esas cosas eran como las piezas de un rompecabezas, que terminarían por encajar unas con otras si encontraba las piezas que faltaban, de modo que seguía buscando,

sobresaltándose y enjugándose los labios cada vez que el horno se ponía a rugir a sus espaldas.

 

No creo que puedan hacerte daño...son como las figuras de un libro...Cierra los ojos y desaparecerán. 

 

El tiempo pasó. Y cuando empezaba a relajarse, a entender que la puerta no debía tener llave y que podía salir, las manos sumergidas durante años, hinchadas, hediondas, se cerraron suavemente

en torno a su cuello y lo obligaron a volverse para contemplar el rostro morado de la muerte.

 

Si podía encontrarlo, su recompensa sería una visión maravillosa.

 

Lo escribiría por la misma razón que, en su opinión, se escribía todo lo que era gran literatura, fuera o no de ficción: la verdad al final siempre se sabe. Lo escribiría porque sentía que debía escribirlo.

 

La relación con su padre había sido como el desplegar de una flor que prometía ser bella, pero que, al abrirse del todo, estaba interiormente roída por el tizón.

Jack se estremeció. La conciencia, como los recibos, como las hojas caídas de los árboles en otoño, descendía perezosamente. 

Durante un largo segundo permaneció inmóvil, mirándola. Podía sentir el gusto de terror en el fondo de la garganta, como un sabor de cerezas pasadas.

 

¿Oía pasos que se aproximaban a la puerta, o sólo los latidos de su corazón?

 

La muerte que camina como símbolo de emociones muertas, de vidas muertas que se resisten a desaparecer, a irse...pero como es una imagen de su subconsciente, ella también s él.

 

De un extraño puedes alejarte, pero de ti mismo no. 

 

Percibió oscuramente que de algún lado llegaba un ruido ahogado, desde fuera de su mundo interior, febril y tumultuoso. Miró hacia el otro lado de la habitacón...

 

En algún momento después de medianoche, mientras estaban sumidos en un sueño inquieto, la nieve había dejado de caer, tras haber agregado otros veinte centímetros a la antigua capa. Las nubes 

se abrieron, un viento fresco las disipó, y Jack contempló un polvoriento lingote de sol, que entraba oblicuamente a través de la ventada situada en la pared oriental del cobertizo para herramientas.

 

Allí todos los momentos eran un momento.

 

Y debajo de cada máscara -rutilante, encantadora- que caía, aparecía el rostro todavía ignorado de la forma que lo perseguía por esos pasillos a oscuras, muy abiertos los ojos enrojecidos, 

inexpresivos y homicidas. Tenía miedo de qué cara aparecería a la luz cuando llegara el momento de quitarse las máscaras.

 

Por encima de él, el reloj al que había dado cuerda con la llave de plata seguía marcando los segundos, los minutos, las horas.

 

Todos los tiempos son uno.

 

En ese instante pensaba que jamás en toda su vida se había sentido tan desdichado. La mente y el cuerpo no eran más que un largo escrito de dolor. La cabeza lo atormentaba, con el latido enfermizo

de una resaca. 

 

Vivir del propio ingenio es saber siempre dónde están las avispas.

 

No se oía más que el ruido áspero de su respiración, el del viento y el tictac del reloj en el salón de baile.

 

Danny empezó a debatirse. La oscuridad y el pasillo comenzaron a fluctuar. La imagen de Tony se hizo quimérica, confusa.

 

 

Yo no te traje aquí, Danny. Tú mismo te trajiste. Porque tú sabías.      

 

 

Ahora estás profundamente dentro de ti mismo, en un lugar donde nada puede entrar.

 

 

No hay llave que les venga bien, y nadie puede darles cuerda. Las puertas jamás han sido abiertas y nadie ha entrado en las habitaciones. Pero no puedes quedarte aquí mucho tiempo, porque ya viene...

 

El terror, que un momento antes era frío y distante, se convirtió en una cosa inmediata.

 

¿Es mi papá el que viene por mí?

 

 

Más allá del arco del sótano, las enormes pilas y montones de papeles viejos se convirtieron en otras tantas antorchas sibilantes, que no conseguía sofocar el agua hirviendo de la caldera al derramarse

sobre ellas. Como las hojas de otoño que van quemándose bajo un avispero, fueron ennegreciéndose y retorciéndose. Al estallar, el horno destrozó las vigas del techo del sótano, que 

se desplomaron como el esqueleto de un dinosaurio.

 

Gritaba aquello ya sin voz, porque no era más que un pánico vociferante de condenación y espanto en sus propios oídos, algo que se disuelve, que pierde el pensamiento y la voluntad, buscando a tientas,

sin resultado, una salida, una escapatoria al vacío, a la inexistencia. La fiesta había terminado.

Ninguno de los dos es lo que era, pero eso no es necesariamente malo.

 

Se levantó una leve brisa, que abría su camino secreto entre los pinos, pero sin alborotar apenas el pelo de Wendy, que se lo había dejado muy corto.

 

Las lágrimas que curan son también las lágrimas que queman y mortifican, se dijo.

 

Todo esto irás dejándolo atrás. Ahora no te parece posible, pero ya lo verás.

 

 

El mundo no te quiere, pero tu madre y yo sí que te queremos.

 

Después de todas las cosas que había visto y por las que había pasado, sabía que las sombras podían ser peligrosas. Podían tener dientes.      EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO

 

El mundo tiene sus mecanismos para mantener las cosas en equilibrio.           EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO

 

Cuando el alumno esté preparado, aparecerá el maestro.         DICHO

 

La enseñanza es un regalo en si misma, ¿sabes? El mejor regalo que cualquiera puede dar o recibir.            EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO

 

Era cierto, porque yo lo hacía real.                 EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO

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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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24 noviembre 2014 1 24 /11 /noviembre /2014 18:38

En ocasions sento que tot és magnífic, i que m'agradaria dir-me Albert (ben mirat no s'allunya tant del meu nom real).

Sobretot sento aquest irrefrenable desig després d'haver acabat de llegir aquesta breu però magnífica obra mestra,

El extranjero, d' ALBERT CAMUS. 


      

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BIOGRAFIA 


Albert Camus Sintes ( Mondovi, Argelia Francesa, 7 de noviembre de 1913 - Villeblevin, Francia, 4 de enero de 1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

En su variada obra desarrolló un humanismo fundado en la conciencia del absurdo de la condición humana. En 1957, a la edad de 44 años, se le concedió el Premio Nobel de Literatura por «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy».

 

 

      

SINOPSIS

 

En sus primeras páginas, esta puede parecer una novela simple e absurda. Pero no lo es en absoluto. Como siempre, las grandes obras precisan tiempo, y al cabo de unas ocho o nueve páginas, empiezas a ver su magnitud.

El protagonista, un señor llamado Meursault, está aun afectado por la reciente muerte de su madre, y aun así, comete un acto aparentemente insustancial. Pero pesar de sentirse inocente, jamás se manifestará contra su ajusticiamiento ni mostrará sentimiento alguno de injusticia, arrepentimiento o lástima.

La pasividad y el escepticismo frente a todo y todos recorre el comportamiento del protagonista: un sentido aburrido de la existencia y aún de la propia muerte. El hecho de vivir no significa que la vida tenga sentido alguno, o eso cree nuestro querido Meursault.

 

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FRASES   (crec que acabaré copiant el llibre sencer, perquè és INCREÏBLE)

 

 

"Me despertó un roce. Como había tenido los ojos cerrados, la habitación me pareció aún más deslumbrante de blancura. Delante de mí no había ni la más mínima sombra, y cada objeto, cada ángulo, todas las curvas, se dibujaban con una pureza que hería los ojos." 

 

" Los veía como no he visto a nadie jamás, y ni un detalle de los rostros o de los trajes se me escapaba. Sin embargo, no los oía y me costaba creer en su realidad. "

 

" Yo no tenía más sueño, pero me sentía fatigado y me dolía la cintura. Ahora me resultaba penoso el silencio de todas esas gentes. Sólo de vez en cuando oía un ruido singular y nopodía comprender qué era. A la larga acabé por adivinar que algunos de los ancianos chupaban el interior de las mejillas y dejaban escapar unos raros chasquidos. Tan absortos estaban en sus pensamientos que ni se daban cuenta. 

Tenía la impresión de que aquella muerta, acostada en medio de ellos, no significaba nada ante sus ojos Pero creo ahora que era una impresión falsa."

 

 

"El día resbalaba sobre el techo de vidrio"

 

"Pero esperé en el patio, debajo de un plátano. Aspiraba el olor de la tierra fresca y no tenía más sueño"

 

 

"Miré el campo a mi alrededor. A través de las líneas de cipreses que aproximaban las colinas al cielo, de aquella  tierra rojiza y verde, de aquellas casas, pocas y bien dibujadas, comprendía a mi madre. La tarde, en esta región, debía de ser como una tregua melancólica. Hoy, el sol desbordante que hacía estremecer el paisaje, lo tornaba inhumano y deprimente."

 

"Yo estaba un poco perdido entre el cielo azul y blanco y la monotonía de aquellos colores, negro viscoso del alquitrán abierto, negro opaco de las ropas, negro lustroso del coche. Todo esto, el sol, el olor del cuero y del  estiércol del coche, el del barniz y el del incienso y la fatiga de una noche de insomnio, me turbaba la mirada y las ideas. "

 

 

"Todo ocurrió en seguida con tanta precipitación, certidumbre y naturalidad, que no recuerdo nada más. Sólo una cosa: a la entrada del pueblo la enfermera delegada me habló. Tenía una voz singular, que no correspondía a su rostro; una voz melodiosa y trémula. Me dijo: «Si uno anda despacio, corre el riesgo de una insolación. Pero si anda demasiado aprisa, transpira y, en la iglesia, pesca un resfriado.»

Tenía razón. No había escapatoria. Todavía retengo algunas imágenes de aquel día: por ejemplo, el rostro de Pérez cuando se nos reunió cerca del pueblo por última vez. Gruesas lágrimas de nerviosidad y de pena le chorreaban por las mejillas. Pero las arrugas no las dejaban caer. Se extendían, se juntaban y formaban un barniz de agua sobre el rostro marchito. "

 

 

"Estuve a punto de decirle que no era mi culpa, pero me detuve porque pensé que ya lo había dicho a mi patrón. Todo esto no significaba nada. De todos modos uno siempre es un poco culpable."

 

 

"El tiempo estaba espléndido y, como bromeando, dejé ir la cabeza hacia atrás y la posé sobre su vientre. No dijo nada y quedé así. Me daba en los ojos todo el cielo, azul y dorado. Bajo la nuca sentía latir suavemente el vientre de María. "

 

"Nos quedamos largo rato sobre la balsa, medio dormidos. Cuando el sol estuvo demasiado fuerte se zambulló y la seguí. La alcancé, pasé la mano alrededor de su cintura y nadamos juntos. Ella reía siempre. "

 

 

"Cuando me desperté, María se había marchado. Me había explicado que tenía que ir a casa de su tía. Pensé que era domingo y me fastidió: no me gusta el domingo. Me di vuelta en la cama, busqué en la almohada el olor a sal que habían dejado allí los cabellos de María, y dormí hasta las diez." 

 

 

 

"Las lámparas de la calle se encendieron bruscamente e hicieron palidecer las primeras estrellas que surgían en la noche. Sentía fatigárseme los ojos mirando las aceras con sucargamento de hombres y de luces. Las lámparas hacían relucir el piso grasiento y, con intervalos regulares, los tranvías volcaban sus reflejos sobre los cabellos brillantes, una sonrisa, o una pulsera de plata."

 

"Poco después, con los tranvías más escasos y la noche ya oscura sobre los árboles y las lámparas, el barrio se vació insensiblemente, hasta que el primer gato atravesó lentamente la calle de nuevo desierta. Pensé entonces que era necesario comer. Me dolía un poco el cuello por haber estado tanto tiempo apoyado en el respaldo de la silla.


Bajé a comprar pan y pastas, cociné y comí de pie. Quise fumar aún un cigarrillo en la ventana, pero sentí un poco de frío. Eché los cristales y, al volverme, vi por el espejo un extremo de la mesa en el que estaban juntos la lámpara de alcohol y unos pedazos de pan. Pensé que, después de todo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a reanudar el trabajo y que, en resumen, nada había cambiado."

Hizo notar que el tiempo pasaba rápidamente, y, en cierto sentido, era verdad. Tenía sueño, pero me costaba levantarme


No ves que la gente está celosa de la felicidad que te doy. Más tarde te darás cuenta de la felicidad que tenías.

 

 Al salir de la pieza cerré la puerta y quedé un momento en el rellano, en la oscuridad. La casa estaba tranquila y de las profundidades de la caja de la escalera subía un soplo oscuro y húmedo. No oía más que los golpes de la sangre zumbándome en los oídos y quedé inmóvil. Pero en la habitación del viejo Salamano el perro gimió sordamente.

 


La deseé mucho porque tenía un lindo vestido a rayas rojas y blancas, y sandalias de cuero. Se adivinaban sus senos firmes, y el tostado del sol le daba un rostro de flor. 

 


 El sol de las cuatro no calentaba demasiado, pero el agua estaba tibia, con pequeñas olas alargadas y perezosas. María me enseñó un juego. Al nadar había que beber en la cresta de las olas, conservar en la boca toda la espuma, y ponerse en seguida de espaldas para proyectarla hacia el cielo. Se formaba entonces un encaje espumoso que se desvanecía en el aire o caía como lluvia tibia sobre la cara. Pero al cabo sentí la boca quemada por la amargura de la sal. María se me acercó entonces y se estrechó contra mí en el agua. Puso su boca contra la mía. Su lengua refrescaba mis labios y rodamos entre las olas durante un momento.

 

 

Ello me permitiría vivir en París y también viajar una parte del año. «Usted es joven y me parece que es una vida que debe de gustarle.» Dije que sí, pero que en el fondo me era indiferente. Me preguntó entonces si no me interesaba un cambio de vida. Respondí que nunca se cambia de vida, que en todo caso todas valían igual y que la mía aquí no me disgustaba en absoluto. Se mostró descontento, me dijo que siempre respondía con evasivas, que no tenía ambición y que eso era desastroso en los negocios.


Volví a mi trabajo. Hubiera preferido no desagradarle, pero no veía razón para cambiar de vida. Pensándolo bien, no me sentía desgraciado. Cuando era estudiante había tenido muchas ambiciones de ese género. Pero cuando debí abandonar los estudios comprendí muy rápidamente que no tenían importancia real.

 

María vino a buscarme por la tarde y me preguntó si quería casarme con ella. Dije que me era indiferente y que podríamos hacerlo si lo quería. Entonces quiso saber si la amaba. Contesté como ya lo había hecho otra vez: que no significaba nada, pero que sin duda no la amaba. «¿Por qué, entonces, casarte conmigo?», dijo. Le expliqué que no tenía ninguna importancia y que si lodeseaba podíamos casarnos. Por otra parte era ella quien lo pedía y yo me contentaba con decir que sí. Observó entonces que el matrimonio era una cosa 

grave.

Respondí: «No.» Calló un momento y me miró en silencio. Luego volvió a hablar. Quería saber simplemente si habría aceptado la misma proposición hecha por otra mujer a la que estuviera ligado de la misma manera. Dije: «Naturalmente.» Se preguntó entonces a sí misma si me quería, y yo, yo no podía saber nada sobre este punto. Tras otro momento de silencio murmuró que yo era extraño, que sin duda me amaba por eso mismo, pero que quizá un día le repugnaría por las mismas razones. Como callara sin tener nada que agregar, me tomó sonriente del brazo y declaró que quería casarse conmigo. 

 

Estábamos cerca de mi casa y le dije adiós. Me miró: «¿No quieres saber qué tengo que hacer?» Quería de veras saberlo, pero no había pensado en ello, y era lo que parecía reprocharme. Se echó a reír ante mi aspecto cohibido y se acercó con todo el cuerpo para ofrecerme la boca. 



 Había comenzado a comer cuando entró una extraña mujercita que me preguntó si podía sentarse a mi mesa. Naturalmente que podía. Tenía gestos bruscos y ojos brillantes en una pequeña cara de manzana. Se quitó la chaqueta, se sentó y consultó febrilmente la lista. 

 


Pero como un perro vive menos que un hombre, habían terminado por ser viejos a la vez.


Todas las tardes y todas las mañanas, desde que el perro tuvo aquella enfermedad de la 

piel, Salamano le ponía una pomada. Pero según él su verdadera enfermedad 

era la vejez, y la vejez no se cura.


 Sonrió levemente y antes de partir me dijo: Espero que los perros no ladren esta noche. Siempre me parece que es el mío.


Bajamos a los arrabales de Argel. La playa no queda lejos de la parada del autobús, pero tuvimos que cruzar una pequeña meseta que domina el mar y que 

baja luego hacia la playa. Estaba cubierta de piedras amarillentas y de asfódelos 

blanquísimos que se destacaban en el azul, ya firme, del cielo. María se entretenía en deshojar las flores, golpeándolas con el bolso de hule. Caminamos 

entre filas de pequeñas casitas de cercos verdes o blancos, algunas hundidas con sus corredores bajo los tamarindos; otras, desnudas en medio de las piedras. 

Desde antes de llegar al borde de la meseta podía verse el mar inmóvil y, más lejos, un cabo soñoliento y macizo en el agua clara. Un ligero ruido de motor se 

elevó hasta nosotros en el aire calmo. Y vimos, muy lejos, un pequeño barco pescador que avanzaba imperceptiblemente por el mar deslumbrante. María 

recogió algunos lirios de roca. Desde la pendiente que bajaba hacia el mar vimos que había ya bañistas en la playa.




Masson quería bañarse, pero su mujer y Raimundo no querían ir. Bajamos los tres y María se arrojó inmediatamente al agua. Masson y yo esperamos un 

poco. Hablaba lentamente y noté que tenía la costumbre de completar todo lo que decía con un «y diré más», incluso cuando, en el fondo, no agregaba nada al 

sentido de la frase. A propósito de María me dijo: «Es deslumbrante, y diré más, encantadora.» No presté más atención a ese tic porque estaba ocupado en gozar 

del bienestar que me producía el sol. La arena comenzaba a calentar bajo los pies. Contuve aún el deseo de entrar en el agua, pero concluí por decir a 

Masson: «¿Vamos?» Me zambullí. El entró en el agua lentamente y se sumergió cuando perdió pie. Nadaba bastante mal, de manera que le dejé para reunirme 

con María. El agua estaba fría y me gustaba nadar. Nos alejamos con María y nos sentimos unidos en nuestros movimientos y en nuestra satisfacción.

Hicimos la plancha mar adentro, y sobre mi rostro, vuelto hacia el cielo, el sol secaba los últimos velos de agua que me corrían hacia la boca. 



En la playa me tendí boca abajo junto a Masson y apoyé la cara en la arena. Le dije: «¡qué agradable!», y él pensaba lo mismo. Poco después vino María. 

Me volví para verla llegar. Estaba completamente viscosa con el agua salada, y sujetaba los cabellos hacia atrás. 

Se tendió lado a lado conmigo y los dos calores de su cuerpo y del sol me adormecieron un poco. María me sacudió y me dijo que Masson había regresado a la casa. Teníamos que almorzar. Me levanté en seguida porque tenía hambre, pero María me dijo que no la había besado desde la mañana. Era cierto y sin embargo habría querido hacerlo. «Ven al agua», me dijo. Corrimos para lanzarnos sobre las primeras olas. Dimos algunas brazadas y ella se pegó contra mí. Sentí sus piernas en torno de las mías y la deseé.



Durante todo este tiempo no hubo otra cosa más que el sol y el silencio con el leve ruido del manantial y las tres notas. 



Raimundo me preguntó: «¿Lo tumbo?» Pensé que si le decía que no, se excitaría y seguramente tiraría. Me limité a decirle: «Todavía no te ha hablado. Sería feo tirar así.» En medio del silencio y del calor se oyó aún el leve ruido del agua y de la flauta. Luego Raimundo dijo: «Entonces voy a insultarlo, y cuando conteste, lo tumbaré.» Le respondí: «Así es. Pero si no saca el cuchillo no puedes tirar.» 

Cuando Raimundo me dio el revólver el sol resbaló encima. Sin embargo, quedamos aún inmóviles como si todo se hubiera vuelto a cerrar en torno de nosotros.

Nos mirábamos sin bajar los ojos y todo se detenía aquí entre el mar, la arena y el sol, el doble silencio de la flauta y del agua. Pensé en ese momento que se podía tirar o no tirar y que lo mismo daba. Pero bruscamente los árabes se deslizaron retrocediendo y desaparecieron detrás de la roca. Raimundo y yo volvimos entonces sobre nuestros pasos. Parecía mejor y habló del autobús de regreso.

Pensé que me bastaba dar media vuelta y todo quedaría concluido. Pero toda una playa vibrante de sol apretábase detrás de mí. Di algunos pasos hacia el manantial. El árabe no se movió. A pesar de todo, estaba todavía bastante lejos. Parecía reírse, quizá por el efecto de las sombras sobre el rostro. Esperé.

El ardor del sol me llegaba hasta las mejillas y sentí las gotas de sudor amontonárseme en las cejas. Era el mismo sol del día en que había enterrado a mamá y, como entonces, sobre todo me dolían la frente y todas las venas juntas bajo la piel. Impelido por este ardor que no podía soportar más, hice un movimiento hacia adelante. Sabía que era estúpido, que no iba a librarme del sol desplazándome un paso.

Pero di un paso, un solo paso hacia adelante. Y esta vez, sin levantarse, el árabe sacó el cuchillo y me lo mostró bajo el sol. La luz se inyectó en el acero y era como una larga hoja centelleante que me alcanzara en la frente. En el mismo instante el sudor amontonado en las cejas corrió de golpe sobre mis párpados y los recubrió con un velo tibio y espeso. Tenía los ojos ciegos detrás de esta cortina de lágrimas y de sal.

No sentía más que los címbalos del sol sobre la frente e, indiscutiblemente, la refulgente lámina surgida del cuchillo, siempre delante de mí. La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. Entonces todo vaciló.

El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol.

Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia.


Todos los seres normales, habían, más o menos, deseado la muerte de los que amaban.


Me preguntó si podía decir que aquel día había reprimido mis sentimientos naturales. Dije: "No, porque es falso." Me miró de forma extraña, como si le inspirara un poco de repugnancia.


Me dijo primero que se me describía como persona de carácter taciturno y reconcentrado y quería saber qué pensaba yo. Contesté: "Es que nunca tengo gran cosa que decir. Entonces me callo."

 

 

 


 

 

 

 

 

 

ghssss

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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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7 octubre 2014 2 07 /10 /octubre /2014 18:42

ANTES QUE NADA, DEBO DECIRLO: DEBEMOS ABRAZAR. (sobretodo después de pasar diez años en un hospital) 

Hay regalos que son regalos, y hay regalos que son regalos llenos de sonrisas, en cada MUNDO. A mi me regalaron muchas cosas, pero una de ellas es este libro del que voy a hablar a continuación, y me sentí feliz como una perdiz. Porque el regalo en si es maravilloso, pero la persona que me lo regaló es demasiada hermosa para ser real, como una hora que es un minuto, o algo intangible que se ve con los ojos cerrados. En poco espacio, en poco tiempo, me has dado mucho más que aliento (Igual exagero, pero ahí viene lo bueno de sentir tanto con tan poco) Igual que la dedicatoria que me dejó en su primera página. Hay que abrazar. DEBEMOS ABRAZARNOS. GRÀCIES!! 

 

 


 

Hay muchos mundos pero algunos son más grandes que otros. Hay un mundo en cada persona, y hay una persona en cada mundo. Hay un AMOR QUE LO MUEVE TODO. Hay personas COMO MUNDOS AMARILLOS.

Hay mundos que no conocemos, mundos que existes e ignoramos. Hay mundos más allá del nuestro. Y luego hay el MUNDO AMARILLO. Una forma de ver la vida distinta, de relacionarte con los demás de manera distinta, de sentir de forma distina, de ver todo lo que te rodea y todo lo que te sucede desde el POSITIVISMO, la GENEROSIDAD, la BONDAD, la SOLIDARIDAD, y todas esas palabras que acaban en DAD. 

Albert Espinosa es un artista que estudió ingeniería, y a pesar de su enfermedad, es un hombre medio-genio, que ya nos tiene habituados a enamorarnos con su punto de vista, con su fácil alegría por todo y por nada, sin motivo pero a su vez con razón, con buenos métodos y buenas explicaciones. (NOTA: OS RECOMIENDO VER LA PELÍCULA : TU VIDA EN 65 MINUTOS)

Vivimos en un mundo que es nuestro, y luego hay el MUNDO AMARILLO, donde no hay reglas, tan solo hay que amar, sentir, ser como un amigo que se abraza a otro, como un amante que no pide nada a cambio, como una pareja que no se llama pareja. 

EL MUNDO AMARILLO nos habla de un mundo donde aprendemos a GANAR en vez de PERDER, a AMAR en vez de OLVIDAR, a ALEGRARNOS de las DESPEDIDAS. Si conoces a un AMARILLO, verás que no te sientes triste cuando se va de tu lado. PORQUE SER AMARILLO SIGNIFICA DEJAR HUELLA EN LA OTRA PERSONA, DEJAR UN AMOR INTENSO SIN NADA A CAMBIO.

Señores y señoras, os presento un libro que es mucho más que un libro, una historia que son muchas y a la vez una de sola, porque nos habla de lo que uno ha sentido -Albert Espinosa - de todo lo que ha vivido en un mundo triste LLAMADO HOSPITAL.

 

 

 

SINOPSIS 

 

Un mundo al alcance de todos con el color del sol: El mundo amarillo.

La vida de Albert Espinosa cambió cuando tenía 13 años de edad: le diagnosticaron un cáncer; con 14 años le amputaron la pierna izquierda, a los 16 le quitaron el pulmón izquierdo y a los 18 le extrajeron parte del hígado.

 

Su enfermedad le enseñó que morir no es triste, que lo triste es no vivir. «Siempre me pareció interesante escribir un libro sobre lo que me enseñó el cáncer y cómo eso se puede aplicar a la vida diaria.»

 

 

 

FRASES

 

 

No hay nada que me atraiga más que la gente que crea mundos.



AUTOBIOGRAFÍA           

(GABRIEL CELAYA)  

                

No cojas la cuchara con la mano izquierda. No pongas los codos en la mesa. Dobla bien la servilleta. Eso, para empezar.

Extraiga la raiz cuadrada de tres mil trescientos trece. 

/  ¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?     

Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.   

Eso, para seguir.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.    

No bebas. No fumes. No tosas. No respires.   

/ ¡Ay sí, no respires! Dar el no a todos los "no"   

/  y descansar: Morir. 



El mundo amarillo es el nombre que he puesto yo a una forma de vivir, de ver la vida, de nutrirse de las lecciones que se aprenden de los momentos malos y de los buenos.

Lo que sí que puedo asegurarte es que en este universo no hay reglas. Cualquier mundo se rige por reglas, pero el mundo amarillo no las tiene. No me gustan las reglas.


Las reglas, yo no creo que sean necesarias, no sirven de nada, sólo están para que te las saltes.


A veces, las palabras son las que te proporcionan los caminos. Pocas palabras pueden engendrar en uno una idea. A veces las frases más importantes son las que menos importancia creemos que tienen.


Todo es cuestionable, todo es discutible.


Las pérdidas son positivas. Sé que cuesta creer en ello, pero las pérdidas son positivas. Tenemos que aprender a perder. Debes saber que tarde o temprano todo lo que ganas lo perderás.

Ya que aceptar es una cuestión de tiempo, perder es una cuestión de principios.


Sin duda alguien genial decidió dotarnos de humor, la salvación a todos nuestros conflictos...Un sentimento extraño que nos permite darle la vuelta a todo, cuando y como deseemos.

¿No te gusta cuando la música se repite tantas y tantas veces que ya no oyes las palabras, los sonidos? 

Entonces esa música, esas palabras son como el viento, algo que está ahí, que notas, que sientes pero que no necesitas escuchar, tan sólo sentir.


Cada día sufrimos pérdidas, algunas importantes que nos desilusionan, otras menores que nos inquietan.


Llora (los ojos son nuestros limpiaparabrisas privados y públicos)


A veces las pérdidas serán pequeñas, otras veces las pérdidas serán grandes, pero si te acostumbras a entenderlas, a enfrentarte a ellas, al final te darás cuenta de que no existen como tal. 


Cualquier pérdida es una ganancia.


No me quejé ni una vez porque era mágico, casi poético, pensar en esa sensación. No era dolor, en realidad era algo que no tenía nombre pero que no se parecía en nada al dolor.

Fue aquel día cuando comprendí que dolor es una palabra que no tiene ningún valor práctico; al igual que el miedo. Son palabras que asustan, que provocan dolor y miedo. Pero, en realidad, cuando no existe la palabra, no existe la escencia de lo que quiere significar.


Te aseguro que muchas veces el dolor será placer, el dolor será divertido, o el dolor será poético.


Regla de los treinta minutos. Sigo usando la regla de los treinta minutos y debo confesar que a veces la alargo hasta cuarenta o cuarenta y tres minutos. Es como dilatar el tiempo, como ser amo y señor de tus respuestas y tus ansias.


Coge una libreta y apunta, apunta todo lo que no comprendas.      Mi médico, el día que me dijo que tenía cáncer


Era como si exteriorizar mis preguntas escribiéndolas, hiciera que se perdiera el misterio, el miedo, el terror.


Las respuestas curan, las respuestas ayudan. Hacerte preguntas equivale a sentirte vivo.


Reír no es fácil. Respirar tampoco. Faltan escuelas de risa y respiración. ¿Te aburro?      

Las últimas palabras que escuché del enfermero que me llevó al quirófano antes de que me amputaran la pierna


Nacemos con carencias, muchas, variadas. Con el tiempo las cubrimos de una manera u otra. A veces de forma correcta, a veces simple y llanamente como podemos. Incluso hasta puede que ni sepamos que las tenemos. El cerebro es tan listo que a veces nos oculta las informaciones más básicas acerca de nosotros mismos.


No sabemos andar, pero poco a poco encontramos los andares.


Anda, respira, ríe y disfruta. Es así de sencillo. 


A veces estamos tan centrados en nosotros, en nuestro problema, que olvidamos que justo en ese momento podríamos hacer el mayor descubrimiento de nuestra vida.

Estaba claro que escribiría un diario; los diarios son vitales y altamente recomendables. Qué mejor que poder releer lo que te preocupaba hacer dos o tres años, y darte cuenta de que ahora eso te importa un pepino (a veces porque lo has conseguido, a veces porque en realidad ni lo deseabas)

 

¡Cuánta hermosura puede haber en una línea!


Creo que lo regalaré a dos personas distintas. Siempre es bueno que el conocimiento sea compartido.


En la vida lo más importante es saber decir no.  Apúntalo, que no se te olvide.      Mi primer compañero de habitación, El señor Fermín (76 años)



¿Decir no a qué? Y aún más: ¿por qué había que decir no, con lo genial que era decir sí? 


No a lo que no deseas. No a lo que todavía no sabes que no deseas pero que deseas. No por compromiso. No si sabes que no podrás cumplir. No al exceso. Y sobre todo: ¡¡¡no a ti mismo!!!



1. Debes saber decir no.           

2. Los noes deben aplicarse a cosas que deseas, que no deseas, que sabes que te sobrepasarán y también a ti mismo.        

3. Los noes tienen que ser aceptados. No dudes de ti; si diste un no, confía en ese no.       

4. Disfruta de esos noes tanto como de los síes. Un "no" no tiene por qué ser negativo, puedes gozar tanto de él como gozas de los síes. No pienses que te estás negando algo sino que te abres camino para otros síes.

 


Dime tu secreto y te diré por qué eres tan especial.       Néstor, el celador más enrollado que he tenido.



Los secretos son necesarios en esta vida, son tesoros privados que sólo están al alcance de uno mismo. Como nadie los conoce no hay llave y nos marcan interiormente porque no los compartimos.

 

Todos somos especiales. Tan sólo hay que potenciar lo que te hace especial.


Fíate de tu pasado. Respeta a tu yo anterior.       Uno de los médicos más listos que tuve. 



Tu yo del pasado eres tú mismo unos años, meses o días más joven. Respeta a tu yo anterior.


Para errar hay que arrisgarse; lo de menos es el resultado.


Me encanta fiarme de mi yo joven, me encanta vivir con el resultado de las decisiones que tomó. 


 

Todo lo que sea un torrente de emociones es positivo, muy positivo.


 

Así que:    

1. Analiza las decisiones que cres que fueron equivocadas.       

2. Recuerda quién las tomó. Si fuiste tú, recuerda que tus razones tenías. No te creas más listo que tu yo pasado.

3. Respétalas y convive con ellas.

 

4. En un 80% eres consecuencia de tus decisiones.

 

 

Creo que no miraba coches, miraba movimientos, tiempos, giros, elegancia.


"Por qué te gusta tanto mirar coches, Marc?"  Me miró y contestó: "Por qué os gusta tanto mirar el sol?" Yo le dije que no mirábamos el sol sino que el sol era lo que nos proporcionaba...que nos bronceábamos...que era agradable...que...La verdad es que no sabía por qué mirábamos el sol.


No juzgar; ésa fue la gran lección que aprendí ese día de aquel niño. Él miraba coches y yo miraba soles. Yo me quedaba muy quieto y él se volvía loco con lo que veía, ya que sus coches le 

daban tanto como a mí me daba el sol: color, salud y felicidad.


Lo importante no es qué miras, sino qué te transmite mirar.



Encuentra lo que te gusta mirar y míralo.



A veces hay que desahogarse. Es ley de vida. Echar tres o cuatro gritos al aire. O eso o explotamos. 


¿Qué mejor que ser tu mismo quien deba soportar tus gritos? Pruébalo, te sentirás mejor, y poco a poco dejarás de gritar, de enfadarte, y sobre todo, no el gritarás a otras personas. Verás qué absurdo eres cuando te pones así.


Conoce al resto de la gente y acéptala como es.


Lo difícil no es aceptar cómo eres tú sino cómo son los demás.


Cada día conoceremos a más y más gente y tendremos que dedicar todas nuestras fuerzas a entenderlos.



Pero no se trata solo de estar quieto, sino también de estar en silencio. Y por si todo esto fuera poco, no sólo tienes que administrar tu silencio sino también tu respiración. Mucho silencio, mucha quietud.

Eso es lo más duro: no hacer nada, estar quieto aunque por dentro tengas ganas de marcharte, de volar, de jugar, de trabajar.


Ellos tenían toda la vida por delante; la nuestra estaba a punto de tocar a su fin.


Siempre he creído en el poder de la noche; estoy segur que la noche consigue que los deseos se hagan realidad.


Creo que el sueño nos hace menos bestias y más humanos. Pero aún dudo de si eso es bueno.



Parecía que todo el recinto fuera mío. Planeaba mi vida, creaba sueños y aspiraba a todo.


Mi vida está compuesta de retazos y olores, y eso es lo que hace de mí lo que soy.


Busca tu punto de no retorno.        Radiólogo con orejas pequeñas y cejas enormes que nos hipnotizaba con su tono de voz y sus historias.



Creo que no hay nada que odie más que enfadarme; gritar, maldecir, no poder controlar ese momento.


 

Poco a poco dejé de enfadarme; funcionaba y yo flipaba. (...) Es bueno enfadarse a veces, pero no es bueno llegar al punto de no retorno.

 

 


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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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23 septiembre 2014 2 23 /09 /septiembre /2014 13:50

Molt bones a tothom!

Avui és un dia especial, per molts motius, però sobretot perquè he fet una col·laboració única amb un altre blog, el d'una noia fantàstica que escriu meravellosament bé. (a més també és molt simpàtica!)

He fet aquest booktag amb la Clar's. Aquí podeu veure com ha quedat a la seva pàgina web:

http://flyingwithbooks4.blogspot.com.es/2014/09/booktag-la-vida-en-llibres.html​

 

 

Així doncs, sense més contemplacions, senyors i senyores, aquí teniu el book-tag. Espero que en gaudiu tan com en vaig gaudir jo fent-lo :    

 

 


      ·         

 Troba un llibre que tingui les tres primeres lletres del teu nom:

CLAR'S   Havia de buscar un llibre amb les lletres CLA- i l'he trobat;) El vaig llegir quan era petita, escrit per la Maite Carranza. "El Clan de la lloba"

 

                           

      

 Conta la teva edat amb els llibres de l'estanteria. Quin et surt?

 

M'agradaria contar 15 però encara en tinc catorze ( fins d'aquí unes setmanes! ) Així que el llibre numero catorze de la meva estanteria és Just Listen! De la Sarah Dessen.

 

 

 Un llibre que es desenvolupi al teu país/ ciutat:

 

Suposo que em quedo amb "Como desees" de l'Anabel Botella. Es desenvolupa a València. I encara que no sigui valenciana està dins d'Espanya i els països catalans així que servirà.

 

 

Un llibre que es desenvolupi a un lloc on t'agradaria viatjar:

 

Jo no vull anar a Italia, Estats Units, Xina o Australia, jo vull anar a Hogwarts, a Idhún, a Intrepidesa, al districte 13 i als jocs de la fam, al covenant, a Idris, al Campament de " mestizos" i a tants altres llocs.. Per això no puc escollir un sol llibre, ja que cada un té un destí al que m'encantaria viatjar. Un que l’única manera d'arribar-hi, és llegint el llibre. 

 

 

Tria un llibre amb el teu color preferit a la portada:

 

No està escrit a les estrelles :) El blau sempre ha estat el meu color jejej  :) 

 

 

 Quin és el llibre del que tens més records?

 

Harry Potter i la cambra secreta claríssimament! ADORO aquest llibre! Recordo estar estirada al sofà amb la manta i el gat ( en aquell moment tenia un gat) a sobre. Mhmm.. quins records. 

 

 

 I quin et va costar més d'acabar?

Suposo que Kardavan la llegenda de l'impostor ( No em matis Ini!) el vaig acabar sí, però va ser una mica molt pesat.  Massa llarg, massa descriptiu... massa tot.

 

 

  Quin llibre et farà sentir orgullós/a quan l’hagis acabat?

 

Romeu i Julieta, potser m'agrada potser no, però per tenir una mica de cultura literària els clàssics s'han de llegir. I quin millor clàssic que Romeu i Julieta? La veritat.. em fa bastanta mandra llegir-lo però sé que em sentiré orgullosa un cop l’hagi acabat.

 

            Si voleu veure les meves respostes feu clik aquí ( link de l'entrada)

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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura booktag
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18 septiembre 2014 4 18 /09 /septiembre /2014 19:09

font: https://sites.google.com/site/martatatjemerino/capitols

 

 

 

Capítol I 

 

 

 

Quan tenia sis anys, una vegada vaig veure un dibuix magnífic en un llibre sobre la selva verge que es deia Històries viscudes. Representava una boa empassant-se una fera. Aquí teniu la còpia del dibuix.

 

El llibre deia: "Les boes s'empassen la presa tota sencera, sense mastegar. Després no es poden moure i dormen durant els sis mesos de la digestió."

 

Hi vaig rumiar molt, aleshores, en les aventures de la selva i, per la meva banda, amb un llapis de color, vaig fer el meu primer dibuix. El meu dibuix número 1. Era així:

01b.jpg

 

 

Vaig ensenyar la meva obra mestra a les persones grans i els vaig preguntar si el dibuix els feia por..

 

Em van respondre :"¿ Per què hauria de fer por un barret ?"

 

El meu dibuix no representava un barret. Representava una boa que digeria un elefant. Aleshores vaig dibuixar l'interior de la boa, perquè les persones grans ho poguessin entendre. Sempre necessiten explicacions. El meu dibuix número 2 era així:

 

 

 

 

Les persones grans em van aconsellar que deixés estar els dibuixos de boes obertes i tancades i que més valia que m'interessés per la geografia, la història, el càlcul i la gramàtica. Així va ser que vaig abandonar a l'edat de sis anys una magnífica carrera de pintor. M'havia desanimat el fracàs del dibuix número 1 i del dibuix número 2. Les persones grans no entenen mai res, totes soles, i per als nens és molt pesat haver-los de donar sempre explicacions i més explicacions.

 

Per això vaig haver d'escollir un altre ofici i vaig aprendre a pilotar avions. He volat una mica per tot el món. I la geografia, és veritat, m'ha servit molt. Sabia distingir, al primer cop d'ull, la Xina d'Arizona, És molt útil, si t'has perdut durant la nit.

 

D'aquesta manera, al llarg de la vida, he tingut un pila de contactes amb una pila de gent seriosa. He viscut molt entre les persones grans. Les he vistes de molt a prop. Això no ha fet millorar gaire la meva opinió.

 

Quan en trobava una que em semblava una mica lúcida, hi feia l'experiment del dibuix numero 1, que sempre he conservat. Volia saber si era realment comprensiva. Però sempre em responia: "És un barret." Aleshores ja no li parlava ni de boes, ni de selves verges, ni d'estrelles. Em posava al seu nivell. Li parlava de bridge, de golf, de política i de corbates. I la persona gran estava ben contenta d'haver conegut un home tan assenyat.

 

 

 

Capítol II 

 

O sigui que he viscut sol, sense ningú amb qui de veritat poder parlar, fins que vaig tenir una avaria al desert del Sàhara, fa sis anys. S'havia trencat alguna cosa del motor. I com que no anava amb cap mecànic ni amb cap passatger, em vaig preparar per mirar de fer, tot sol, una reparació difícil. Per mi era una qüestió de vida o mort. Amb prou feines tenia aigua per beure per a vuit dies.

 

La primera nit, doncs, em vaig adormir a la sorra a mil milles de cap terra habitada. Estava molt més aïllat que un nàufrag en un rai al mig de l'oceà. O sigui que imagineu-vos la sorpresa que vaig tenir, a trenc d'alba, quan una veueta molt especial em va despertar. Deia:

 

- Si us plau... dibuixa'm un be!

- ¿Eh!?

- Dibuixa'm un be...

 

D'un bot em vaig posar dret com si m'hagués caigut un llamp. Vaig fregar-me bé els ulls. Vaig mirar bé. I vaig veure un jovenet realment extraordinari que m'observava amb aire greu. Aquest és el millor retrat que, més endavant, vaig arribar a fer-ne.

 

 

 

Però el dibuix, és clar, té molta menys gràcia que el model. No és culpa meva. Les persones grans em van desanimar de la carrera de pintor quan tenia sis anys, i no havia après a dibuixar res, a part de les boes tancades i les boes obertes.

 

Així doncs, em vaig mirar l'aparició amb els ulls esbatanats de sorpresa. No heu d'oblidar que estava a mil milles de cap regió habitada. I aquell jovenet no semblava ni perdut, ni mort de cansament, ni mort de gana, ni mort de set, ni mort de por. No tenia res que fes pensar en un nen perdut al mig del desert, a mil milles de cap regió habitada. Quan finalment vaig poder parlar, li vaig dir::

 

- Però... ¿ què hi fas aquí ?

 

I va repetir, amb molta calma, com si fos una cosa molt seriosa::

 

- Si us plau... dibuixa'm un be...

 

Quan el misteri és massa impressionant, no t'atreveixes a desobeir. Per molt absurd que em semblés, a mil milles de qualsevol lloc habitat i en perill de mort, em vaig treure de la butxaca un full de paper i una ploma. Però aleshores vaig recordar que més que res havia estudiat geografia, història, càlcul i gramàtica, i vaig dir al jovenet (amb un mica de mal humor) que no sabia dibuixar. Em va respondre :

 

- És igual. dibuixa'm un be dibuixa'm un be.

 

Com que no havia dibuixat mai cap be, vaig tornar a fer, per a ell, un dels dos únics dibuixos que sabia fer. El de la boa tancada. I em vaig quedar de pedra en sentir que el jovenet responia:

 

- No! No ! No vull cap elefant dins d'una boa tancada. Una boa és molt perillosa, i un elefant ocupa molt de lloc. A casa meva és molt petit. Necessito un be. Dibuixa'm un be. Aleshores el vaig dibuixar.

02b.jpg

. Se'l va mirar amb atenció, i va fer:

 

-No! Aquest està molt malalt. Fes-ne un altre.

 

Vaig dibuixar:

 

El meu amic va somriure amablement, amb indulgència:.

 

- Ja ho veus... no és cap be, és un marrà. Té banyes...

02c.jpg

O sigui que vaig tornar a fer el dibuix: Però fou rebutjat, igual que els anteriors:.

 

- Aquest és massa vell. Vull un be que visqui molt de temps.

 

 

 

Aleshores, perdent la paciència, neguitós com estava per començar a desmuntar el motor, vaig fer aquest dibuix amb quatre gargots. I vaig engegar :

 

-Això és la caixa. El be que vols és a dins.

02e.jpg

 

Però vaig quedar ben parat quan vaig veure que la cara del meu petit jutge s'il·luminava:

 

-És exactament així que volia! ¿ Et sembla que necessita molta herba aquest be ?

-¿ Per què ?

-Perquè a casa meva és molt petit...

 

-Segur que n'hi haurà prou. T'he donat un be molt petit.

 

Va vinclar el cap sobre el dibuix:

 

- No tant petit... Mira! S'ha adormit...

 

I va ser així que vaig conèixer el petit príncep.

 

 

Capítol III 

Vaig necessitar molt de temps per entendre d'on venia. El petit príncep, que em feia moltes preguntes, semblava que no sentís mai les meves. Van ser paraules dites per casualitat que, de mica en mica, m'ho van revelar tot. Així, la primera vegada que va veure el meu avió ( no dibuixaré pas l'avió, és un dibuix massa complicat per03a.jpg mi) em va preguntar: 

 

- ¿Què és aquesta cosa ?

 

- No és cap cosa. Això vola. És un avió. És el meu avió.

 

I estava orgullós de fer-li saber que jo volava. Aleshores va exclamar:

 

- Com ! ¿ Has caigut del cel ?

 

- Sí - vaig dir amb modèstia.

 

- Oh ! Mira que curiós...

 

I el petit príncep va fer una rialla molt bonica que em va irritar molt. M'agrada que la gent es prengui les meves desgràcies seriosament. Després va afegir:

 

- Aleshores tu també véns del cel! De quin planeta ets ?

 

Immediatament vaig entreveure una llum en el misteri de la seva presència i el vaig interrogar bruscament:

 

- ¿ O sigui que vens d'un altre planeta ?

 

Però no em va respondre. Movia el cap suaument mentre mirava l'avió:

 

- És clar que, amb això, no pots venir de gaire lluny...

 

I es va tancar en un somieig que va durar molta estona. Després es va treure el meu be de la butxaca i es va submergir en la contemplació del seu tresor.

 

4b4e7d324451.jpg 

 

Ja us podeu imaginar com em devia intrigar aquella mitja confidència sobre "els altres planetes". I, és clar, em vaig esforçar per saber-ne més coses.

 

- ¿ D'on vens, jovenet ? ¿ On és "casa teva" ? ¿ On te'l vols endur el meu be ?

 

Em va respondre després d'un silenci meditatiu:

 

- El que està bé, de la caixa que m'has donat, és que a la nit li servirà de casa.

 

- És clar. I si ets bon noi, també et donaré una corda per lligar-lo durant el dia. I una estaca.

Aquesta proposta va semblar que sobtava el petit príncep:

 

- ¿ Lligar-lo ? Quina idea més estranya !

 

- Però si no el lligues anirà on voldrà i es perdrà...

 

I el meu amic va fer una rialla:

 

- ¿ Però on vols que vagi ?

 

- A qualsevol lloc. Recte endavant...

 

Aleshores el petit príncep va observar greument:

 

- És igual, és tan petit, a casa meva !

 

I, amb un mica de malenconia, potser, va afegir:

 

- Recte endavant no es pot anar gaire lluny...

 

 

Capítol IV 

D'aquesta manera vaig saber una segona cosa molt important: que el seu planeta d'origen amb prou feines era més gran que una casa !

 

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No em podia sorprendre gaire. Sabia molt bé que fora dels planetes grans com la Terra, Júpiter, Mart, Venus als quals hem donat nom, n'hi ha centenars d'altres que de vegades son tan petits que costa molt veure'ls amb telescopi. Quan un astrònom en descobreix un, li posa de nom un nombre. Per exemple l'anomena "l'asteroide 3251".

 

Tinc bones raons per creure que el planeta d'on venia el petit príncep és l'asteroide B 612. Aquest asteroide només ha estat vist amb telescopi una vegada, el 1909, per un astrònom turc.

 

04b.jpgAquest havia fet una gran demostració del seu descobriment en un Congrés Internacional d'Astronomia. Però no se l'havia cregut ningú per la roba que duia. Les persones grans són així.

 

Afortunadament per a la reputació de l'asteroide B 612, un dictador turc va imposar al seu poble, sota pena de mort, que es vestissin a l'europea. L'astrònom va tornar a fer la demostració el 1920, amb un vestit molt elegant. I aquesta vegada tothom hi va estar d'acord.

 

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Si us he explicat aquests detalls sobre l'asteroide B 612 i si us n'he confiat el nombre, és per culpa de les persones grans. A les persones grans els agraden les xifres. Quan els parleu d'un amic nou, no us en demanen mai les coses essencials. No us diuen mai: " Com és la seva veu ? ¿ Quins jocs prefereix ? ¿ Fa col·lecció de papallones ?" Us pregunten: "Quants anys té ? ¿Quants germans són ? ¿ Quant pesa ? ¿ Quant guanya el seu pare ?" Aleshores sí que es pensen que el coneixen. Si dieu a les persones grans: "He vist una casa molt bonica de rajoles roses, amb geranis a les finestres i coloms al teulat...", no poden imaginar-se la casa. Els heu de dir: "He vist una casa de cent mil francs." Aleshores exclamen: "Que bonic !"

 

Així, si els dieu: "La prova que el petit príncep va existir és que era encantador, que reia i que volia un be. Algú que vol un be, segur que existeix", s'arronsaran d'espatlles i us tractaran de criatura! Però si dieu: "El planeta d'on venia és l'asteroide B 612", aleshores queden convençuts i no t'empipen amb més preguntes. Són així. No t'hi pots enfadar. Els nens han de ser molt indulgents amb les persones grans.

 

Però, és clar, nosaltres, els qui entenem la vida, no ens ocupem dels nombres ! M'hauria agradat començar aquesta història com els contes de fades. M'hauria agradat dir:

 

"Això era una vegada un petit príncep que vivia en un planeta a penes més gran que ell, i que necessitava un amic..." Als qui entenen la vida, els hauria sonat molt més real.

 

Perquè a mi no m'agrada que es llegeixi el meu llibre a la lleugera. Em poso tan trist explicant aquests records ! Ja fa sis anys que el meu amic va marxar amb el seu be. Si ara intento descriure'l és per no oblidar-lo. És trist oblidar un amic. No tothom ha tingut un amic. I em puc tornar com les persones grans que ja només s'interessen per les xifres. Per això m'he comprat una capsa de colors i llapis. Costa tornar a posar-se a dibuixar, a la meva edat, quan les úniques temptatives que has fet són la d'una boa tancada i la d'una boa oberta, a l'edat de sis anys ! Naturalment, intentaré fer els retrats tan bé com pugui. Però no estic prou segur de sortir-me'n. Un dibuix pot passar, però l'altre ja no s'hi assembla gens. També m'equivoco una mica amb les mides, Aquí el petit príncep es massa gran. Allà és massa petit. També em fa dubtar el color del vestit que duia. Aleshores faig provatures així i aixà, a veure què. I també m'equivocaré en alguns detalls més importants. Però això m'ho haureu de perdonar. El meu amic no donava mai explicacions. Potser es pensava que jo era com ell. Però jo, malauradament, no sé veure els bens a través de les caixes. Potser sóc una mica com les persones grans. Em dec haver fet vell.

 

 

 

Capítol V 

 

Cada dia aprenia alguna cosa del planeta, de la marxa, del viatge. Li anava sortint de mica en mica, entremig de les reflexions que feia. Va ser així com, el tercer dia, vaig descobrir el drama dels baobabs.

 

Aquesta vegada també va ser gràcies al be, perquè tot d'una el petit príncep em va interrogar, com si tingués un dubte greu:

 

- ¿ És veritat, oi, que els bens es mengen els arbusts ?

 

- Sí, és veritat.

 

- Ah! Me n'alegro.

 

No vaig entendre per què era tan important que els bens es mengessin els arbusts. Però el petit príncep va afegir:

 

-¿ O sigui que també es mengen els baobabs ?

 

Li vaig fer observar que els baobabs no són arbusts, sinó arbres grans com catedrals i que, fins i tot si s'endugués tot un ramat d'elefants, el ramat no s'acabaria ni un sol baobab.

 

La idea del ramat d'elefants va fer riure el petit príncep:

 

- S'haurien de posar els uns sobre els altres...

 

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Però assenyadament va observar :

 

- Els baobabs, abans de créixer, comencen essent petits.

 

- Exacte ! ¿ Però per què vols que els bens es mengin els baobabs petits ?

 

Em va respondre : " A tu que et sembla !", com si fos ben evident. I em va caldre un gran esforç d'intel·ligència per entendre el problema jo tot sol.

 

Efectivament, al planeta del petit príncep hi havia, com a tots els planetes, bones herbes i males herbes. Per tant, bones llavors de bones herbes i males llavors de males herbes. Però les llavors són invisibles. Dormen en el secret de la terra fins que a alguna li ve la fantasia de despertar-se... Aleshores s'estira, i primer creix tímidament cap al sol un petit i inofensiu branquilló molt bonic. Si és un branquilló de rave o de roser el podem deixar créixer com vulgui. Però si és una planta dolenta s'ha d'arrencar de seguida, així que la reconeixes. I al planeta del petit príncep hi havia unes llavors terribles... eren les llavors de baobabs. El terra del planeta n'estava infestat. I d'un baobab, si no hi ets a temps, ja no te'n pots desfer mai més. Ocupa tot el planeta. El forada amb les arrels. I si el planeta és massa petit i hi ha massa baobabs, el rebenten.

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- És una qüestió de disciplina - em deia més tard el petit príncep -. Al matí, quan has acabat d'arreglar-te, has d'arreglar amb compte el planeta. T'has d'obligar regularment a arrencar els baobabs així que els distingeixes dels rosers, amb els quals s'assemblen molt quan són molt joves. És una feina molt pesada, però molt fàcil.

 

I un dia em va aconsellar que tractés de fer un bon dibuix i ben maco perquè els nens del meu país ho entenguessin ben bé.

 

- Si un dia viatgen - em deia - ,potser els serà útil. De vegades deixar la feina per més tard no té cap inconvenient. Però, si es tracta dels baobabs, sempre és una catàstrofe. Vaig conèixer un planeta habitat per un gandul. No s'havia ocupat de tres arbusts i...

 

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I, seguint les indicacions del petit príncep, vaig dibuixar aquest planeta. No m'agrada gens prendre un to de moralista. Però el perill dels baobabs és tan poc conegut, i els riscs que corrien els qui es perdessin en un asteroide són tan considerables, que, per un cop, faig una excepció a la meva reserva. Dic :

 

- Criatures ! Pareu esment als baobabs !

 

Era per avisar els meus amics d'un perill que fa temps que tenien a prop i que no coneixien, igual que jo, que vaig treballar tant en aquest dibuix. La lliçó que donava valia la pena. Potser us preguntareu: ¿Per què no hi ha en aquest llibre altres dibuixos tan grandiosos com el dels baobabs ? La resposta és ben senzilla: ho he provat però no me n'he sortit. Quan vaig dibuixar els baobabs m'impulsava un sentiment d'urgència.

 

 

 

Capítol VI 

Ah !, petit príncep, d'aquesta manera, i a poc a poc, vaig anar entenent la teva petita vida malenconiosa. Durant molt de temps l'única distracció que havies tingut havia estat la dolçor de les postes de sol. Vaig saber aquest detall el matí del quart dia, quan em vas dir :

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- M'agraden molt les postes de sol. Anem a veure'n una...

 

- Però hem d'esperar...

 

- ¿ Esperar què ?

 

- Esperar que es pongui el sol.

 

Primer vas fer cara de sorpresa, i després vas riure de tu mateix. I em vas dir :

 

- Sempre em penso que sóc a casa !

 

En efecte. Quan als Estats Units és migdia, el sol, tothom ho sap, es pon a França. Si es pogués anar a França en un minut es podria assistir a la posta de sol. Malauradament França està massa lluny. Però, al teu petit planeta, en tenies prou fent córrer la cadira un quants passos. I miraves el crepuscle cada cop que en tenies ganes...

 

- Un dia, vaig veure pondre's el sol, quaranta-tres vegades !

 

I al cap d'una mica afegies:

 

- Saps... quan estàs així de trist t'agraden les postes de sol...

 

- El dia de les quaranta-tres vegades estaves així de trist, ¿ doncs ?

 

Però el petit príncep no va respondre.

 

 

Capítol VII 

 

El cinquè dia, un altre cop gràcies al be, em fou revelat aquest secret de la vida del petit príncep. Em va preguntar de cop i volta, sense preàmbuls, com si fos el fruit d'un problema meditat en silenci durant molt de temps:

 

- Un be, si es menja els arbusts, ¿també es menja les flors ?

 

- Un be menja tot el que troba.

 

- ¿ Fins i tot les flors que tenen espines ?

 

- Si. Fins i tot les flors que tenen espines.

 

- ¿ I doncs, de què serveixen les espines ?

 

Jo no ho sabia. En aquell moment estava molt ocupat intentant afluixar un cargol massa fort del motor. Estava molt preocupat perquè l'avaria em començava a semblar molt greu i l'aigua per beure, que s'estava acabant, em feia témer el pitjor.

 

- ¿ De què serveixen, les espines ?

 

El petit príncep no renunciava mai a una pregunta, un cop l'havia feta. Jo estava enfadat amb el cargol i vaig respondre de qualsevol manera :

 

- Les espines no serveixen de res, és pura dolenteria de les flors!

 

- Oh !

 

Però després d'un silenci em va engegar, amb una mena de rancúnia:

 

- No et crec ! Les flors són febles. Són ingènues. Es fan passar la por com poden. Es pensen que són terribles amb les seves espines...

 

No vaig respondre res. En aquell moment em deia: "Si aquest cargol es continua resistint el faré saltar d'un cop de martell." El petit príncep em va tornar a destorbar ls reflexions:

 

- I tu et penses que les flors...

 

- No, home, no ! No em penso res ! T'he contestat de qualsevol manera. M'ocupo de coses serioses, jo !

 

Em va mirar, estupefacte.

 

- De coses serioses !

 

Em veia amb el martell a la mà i els dits negres de greix, inclinat sobre un objecte que li semblava molt lleig.

 

- Parles com les persones grans !

 

Em va fer una mica de vergonya. Però, sense pietat, va afegir:

 

- Ho confons tot... ho barreges tot !

 

Estava realment molt enfadat. Sacsejava els cabells daurats al vent.

 

- Conec un planeta on hi ha un senyor de color vermell fosc. No ha olorat mai cap flor. No ha mirat mai cap estrella. No ha estimat mai ningú. No ha fet mai cap altra cosa que sumes. I tot el dia repeteix, igual que tu: "Sóc un home seriós ! Sóc un home seriós !", i amb això s'infla tot d'orgull. Però no és cap home, és un bolet !

 

- ¿ Un què ?

 

- Un bolet !

 

Ara el petit príncep estava blanc de còlera.

 

- Fa milions d'anys que les flors fabriquen espines. Fa milions d'anys que els bens igualment es mengen les flors. ¿ I resulta que no és seriós intentar entendre per què s'esforcen tant a fabricar unes espines que no serveixen mai de res ? ¿ No és important la guerra dels bens i les flors ? ¿ No és més seriós i més important que les sumes d'un senyor vermell i gras ? I si jo conec una flor única al món, que no existeix enlloc fora del meu planeta, i un be remenut la pot destruir així d'un cop, un matí, sense ni adonar-se del que fa, no es important, això !

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- Si algú estima una flor de la qual només n'existeix un exemplar en milions i milions d'estrelles, amb això en té prou per ser feliç quan se la mira. Pensa : "La meva flor és aquí, en algun lloc..." Però si el be es menja la flor, per ell és com si, tot d'un plegat, totes les estrelles s'apaguessin ! I no es important, això !

 

No va poder dir res més. Bruscament va esclatar en sanglots. Ja s'havia fet de nit. Jo havia deixat les eines. Tant me feien el martell el cargol, la set i la mort. En una estrella, en un planeta, el meu, la Terra, hi havia un petit príncep que calia consolar ! El vaig abraçar. El vaig bressolar. Li deia :

 

- La flor que t'estimes no està en perill... Li dibuixaré un morrió, al teu be... Et dibuixaré una armadura per a la flor... Et...

 

No sabia gaire que dir-li. Em sentia poca traça. No sabia com arribar-hi, o on trobar-lo... És tan misteriós el país de les llàgrimes !

 

 

 

 

Capítol VIII 

 

De seguida la vaig aprendre a conèixer millor, aquella flor. Al planeta del petit príncep sempre hi havia hagut flors molt senzilles adornades amb una sola fila de pètals i que no ocupaven gens de lloc ni molestaven ningú. Apareixien un bon matí a l'herba i després, al vespre, s'apagaven. Però aquella havia germinat un dia, d'una llavor arribada no se sap d'on, i el petit príncep havia vigilat de molt a la vora aquell branquilló que no s'assemblava gens als altres branquillons. Podia ser un espècie nova de baobab. Però l'arbust de seguida va parar de créixer i va començar a preparar una flor. El petit príncep, que assistia a la instal·lació d'una poncella enorme, veia venir que en sortiria una aparició miraculosa, però la flor no acabava mai les preparacions per ser bonica, ben protegida en la seva cambra verda. Anava triant amb cura els seus colors. Es vestia lentament, s'ajustava els pètals un per un. No volia sortir tota arrugada, com les roselles. Volia aparèixer amb tota l'esplendor de la bellesa. Sí senyor. Era molt presumida ! Aquell empolainament misteriós havia durat dies i dies. I vet aquí que un matí, just a l'hora que surt el sol, es va deixar veure.

 

I ella, que havia treballat amb tanta precisió, va dir, fent un badall:

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- Ai !, m'acabo de despertar... Perdona... Encara vaig tota despentinada...

 

El petit príncep, aleshores, no va poder contenir l'admiració:

 

- Que bonica que ets!

 

- Oi que sí - va respondre suaument la flor -. I he nascut al mateix temps que el sol...

 

El petit príncep ja va endevinar que no era gaire modesta, però era tan commovedora!

 

- Em sembla que és hora d'esmorzar- havia afegit de seguida -, si fossis tan amable de pensar en mi...

 

I el petit príncep, tot confús, havia anat a buscar una regadora d'aigua fresca i havia servit la flor.

 

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Així ella, de seguida, l'havia començat a turmentar amb la seva vanitat un mica espantadissa. Un dia, per exemple, parlant de les quatre espines que tenia, li havia dit al petit príncep:

 

- Poden venir, els tigres, amb les seves urpes!

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- No n'hi ha de tigres en el meu planeta - havia objectat el petit príncep -, i a més els tigres no mengen herba.

 

- No sóc cap herba - havia respost suaument la flor.

 

- Perdona...

 

- No em fan gens de por els tigres, però no suporto els corrents d'aire. No tindries un paravent ?

 

"No suporta els corrents d'aire... ja és mala sort, per una planta" havia observat el petit príncep. "Aquesta flor és ben complicada..."

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- Al vespre posa'm sota una campana de vidre. Fa molt de fred a casa teva. No ho tens ben muntat. Al lloc d'on vinc...

 

Però s'havia interromput. Havia arribat en forma de llavor. No havia pogut conèixer res dels altres móns. Humiliada d'haver-se deixat sorprendre preparant una mentida tan ingènua, havia tossit dues o tres vegades per fer confondre el petit príncep:

 

- ¿ I el paravent ?...

 

- Ara anava a buscar-lo, però m'estaves parlant!

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Aleshores ella havia exagerat la tos per fer-li venir remordiments de tota manera.

 

Així el petit príncep, tot i la bona voluntat del seu amor, de seguida havia dubtat de la flor. S'havia pres seriosament alguna paraula sense importància i s'havia posat trist.

 

- No l'hauria hagut d'escoltar - va confiar-me un dia -, no s'han d'escoltar mai, les flors. S'han de mirar i s'han d'olorar. La meva perfumava tot el planeta, però no en vaig saber gaudir. Aquesta història de les urpes, que m'havia fet posar tan nerviós m'hauria hagut d'entendrir

 

També em va confiar:

 

- No vaig saber entendre res, aleshores ! L'hauria hagut de jutjar pels actes i no per les paraules. Em perfumava i m'il·luminava. No hauria hagut de fugir mai, jo ! Hauria hagut d'endevinar la tendresa darreres les seves pobres astúcies. Les flors són tan contradictòries! Però era massa jove per saber-la estimar."

 

 

 

Capítol IX 

 

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Em sembla que per evadir-se va aprofitar una migració d'ocells salvatges. El matí que havia de marxar va endreçar tot el planeta. Va escurar ben escurats els volcans en activitat. Tenia dos volcans en activitat. Li anaven molt bé, al matí, per escalfar l'esmorzar. També tenia un volcà apagat. Però, tal com deia ell: "No se sap mai! " Per tant també va escurar el volcà apagat. Si estan ben escurats, els volcans cremen a poc a poc i regularment, sense erupcions. Les erupcions volcàniques són com quan es cala foc en una xemeneia. Evidentment, a la nostra terra som massa petits per escurar els volcans. És per això que ens provoquen tants maldecaps.

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El petit príncep també va arrencar, amb una mica de malenconia, els últims brots de baobab. Es pensava que no tornaria mai més. Però totes aquelles feines familiars li van semblar, aquells matí, especialment agradables. I, quan va regar per última vegada la flor i estava a punt de posar-la sota la campana, es va adonar que tenia ganes de plorar.

 

-Adéu - va dir a la flor.

 

Però no li va respondre.

 

-Adéu - ve repetir ell.

 

La flor va tossir. Però no era per culpa del refredat.

 

He estat beneita - va dir al final -. Perdona'm. Mira de ser feliç.

 

El va sorprendre l'absència de retrets. Es va quedar desconcertat, amb la campana a mig aire. No entenia aquella calma tan dolça.

 

- És clar que t'estimo - li va dir la flor - No ho has sabut, per culpa meva. No té cap importància. Però has estat tant beneit com jo. Mira de ser feliç... Deixa estar la campana. Ja no la vull.

 

- Però el vent...

 

- No estic pas tan refredada, tampoc... L'aire fresc de la nit m'anirà bé. Sóc una flor.

 

- Però els animals...

 

- Bé he de suportar dues o tres erugues si vull conèixer les papallones. Diuen que són molt boniques. Si no ¿Qui em vindrà a veure ? Tu seràs lluny. I les bèsties grosses no em fan por. Tinc les meves urpes.

 

I ensenyava ingènuament les quatre espines. Després va afegir:

 

- No t'entretinguis d'aquesta manera, em posa nerviosa. Has decidit d'anar-te'n. Vés-te'n.

 

Perquè no volia que la veiés plorar. Era una flor tan orgullosa...

 

 

Capítol X 

 

Es trobava a la regió dels asteroides 325, 326, 327, 328, 329 i 330. Va començar, doncs, visitant-los per buscar-hi una ocupació i per instruir-se.

 

Al primer hi vivia un rei. El rei seia, vestit de porpra i d'ermini en un tron molt senzill però majestuós.

 

- Ah!, vet aquí un súbdit - va exclamar el rei quan va veure el petit príncep.

 

I el petit príncep es va preguntar:

 

"¿Com em pot reconèixer si no m'havia vist mai ?"

 

No sabia que pels reis el món és molt senzill. Tots els homes són súbdits.

 

- Acosta't, que et vegi millor - li va dir el rei, molt satisfet de poder ser finalment rei d'algú.

 

El petit príncep va buscar amb els ulls un lloc per seure, però el planeta estava tot ocupat pel magnífic mantell d'ermini. O sigui que es va quedar dret i, com que estava cansat, va badallar.

 

- Badallar en presència d'un rei és contrari a l'etiqueta - li va dir el monarca -. T'ho prohibeixo.

 

No puc estar-me'n - va respondre el petit príncep, confús- He fet un viatge molt llarg i no he dormit...

 

- En aquest cas - va dir el rei - t'ordeno que badallis. Fa anys que no he vist badallar ningú. Per mi els badalls són curiositats. Vinga!, torna a badallar. És una ordre.

 

- Em fa vergonya... ja no puc... - féu el petit príncep posant-se vermell.

 

- Hmmm!, hmm! - va fer el rei -. Aleshores t'... t'ordeno que de vegades badallis i de vegades...

 

S'embarbussava una mica i semblava ofès.

 

Perquè el rei per sobre de tot volia que se li respectes l'autoritat. No tolerava la desobediència. Era un monarca absolut. Però, com que era molt bo, donava ordres raonables.

 

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"Si ordenava", solia dir, "si ordenava a un general que es transformés en ocell marí i el general no m'obeís, no seria culpa del general. Seria culpa meva".

 

- ¿ Puc seure ? va demanar tímidament el petit príncep.

 

- T'ordeno que seguis - li va respondre el rei, que va recollir majestuosament un faldó del mantell d'ermini.

 

Però el petit príncep estava sorprès. El planeta era minúscul. ¿Sobre què devia regnar, el rei ?

 

- Senyor - li va dir - perdoneu-me si us pregunto...

 

- T'ordeno que em preguntis - va afanyar-se a dir el rei.

 

- Senyor... ¿ Sobre què regneu ?

 

- Sobre tot - va respondre el rei, amb gran senzillesa.

 

- ¿ Sobre tot ?

 

El rei, amb un gest discret, va indicar el seu planeta, els altres planetes i les estrelles.

 

- ¿ Sobre tot això ? - va dir el petit príncep.

 

- Sobre tot això... - va respondre el rei.

 

Perquè no era sols un monarca absolut, també era un monarca universal.

 

- ¿ I les estrelles us obeeixen ?

 

- Es clar - va dir el rei -. Obeeixen immediatament. No tolero la indisciplina.

 

Un poder tan gran va meravellar el petit príncep. Si l'hagués tingut ell, hauria pogut presenciar, no pas quaranta-quatre, sinó setanta-dues, o fins i tot dues-centes postes de sol el mateix dia, sense haver de moure mai la cadira ! I com que estava una mica trist per culpa del record del seu petit planeta abandonat, es va atrevir a sol·licitar una gràcia al rei:

 

-Voldria veure una posta de sol... Feu-me el favor... Ordeneu al sol que es pongui...

 

- Si jo ordenava a un general que volés d'una flor a l'altra com si fos una papallona, o que escrivís una tragèdia, o que es transformés en ocell marí, i el general no executava l'ordre rebuda, ¿qui en tindria la culpa, ell o jo?

 

- Seríeu vós - va dir el petit príncep convençut.

 

- Exactament. A cadascú se li ha d'exigir el que cadascú pot oferir - va continuar el rei -. L'autoritat reposa, en primer lloc, sobre la raó. Si ordenes al teu poble que vagi a llançar-se a mar, farà la revolució. Jo tinc dret a exigir obediència perquè les meves ordres són raonables.

 

- ¿ I la meva posta de sol que ? - va recordar el petit príncep que no oblidava mai cap pregunta, un cop l'havia feta.

 

- La tindràs, la posta de sol. Jo l'exigiré. Però esperaré, amb la meva ciència de governar, que les condicions siguin favorables.

 

- ¿ I això quan serà ? - es va informar el petit príncep.

 

- Hmm! hmm! - li va respondre el rei, que primer de tot va consultar un calendari gruixut -, hmm!, hmm!, serà cap a... cap a... serà aquest vespre cap a les set quaranta! I ja veuràs com seré ben obeït.

 

El petit príncep va badallar. Trobava a faltar la posta de sol que no havia tingut. I a més ja s'avorria un mica:

 

- No hi tinc res mes a fer, aquí - va dir al rei -. Me'n torno a anar.

 

- No te'n vagis - va respondre el rei, que estava tan satisfet de tenir un súbdit -. No te'n vagis, et faig ministre!

 

- ¿ Ministre de què ?

 

- De... de justícia !

 

- Però si no hi ha ningú per jutjar !

 

- No ho sabem - va dir el rei -. Encara no he fet la volta al meu reialme. Sóc molt vell, no tinc lloc per una carrossa i caminar em cansa.

 

- Oh, però jo sí que ho he vist - va dir el petit príncep, abocant-se a ventar un cop d'ull a l'altra banda del planeta -. Allà tampoc hi ha ningú.

 

- Doncs et jutjaràs tu mateix - va respondre el rei -. És la cosa més difícil. És molt més difícil jutjar-se un mateix que jutjar els altres. Si arribes a jutjar-te bé és que ets un autèntic savi.

 

- Jo - va dir el petit príncep -, em puc jutjar a mi mateix a qualsevol lloc. No cal que visqui aquí.

 

- Hmm!, hmm! - va dir el rei -, em sembla que en algun lloc del meu planeta hi ha una rata vella. La sento de nit. Podràs jutjar la rata. De tant en tant la pots condemnar a mort. Així la seva vida dependrà de la teva justícia. Però cada vegada li perdonaràs la vida per estalviar-la. Només n'hi ha una.

 

- A mi - va respondre el petit príncep -, no m'agrada condemnar a mort i em sembla molt que me'n vaig.

 

- No - va dir el rei.

 

Però el petit príncep, que havia acabat els preparatius, no va voler entristir el vell monarca:

 

- Si la vostra Majestat desitja ser obeïda puntualment, em podria donar una ordre raonable. Per exemple, em podria ordenar que me n'anés abans d'un minut. Em sembla que les condicions són favorables...

 

Com que el rei no responia, el petit príncep primer va dubtar, però després, amb un sospir, se'n va anar.

 

- Et faig ambaixador - es va afanyar a cridar el rei aleshores.

 

Tenia un aire de molta autoritat.

 

"Les persones grans són molt estranyes", es va dir el petit príncep, a si mateix, durant el viatge.

 

 

 

 

Capítol XI 

 

Al segon planeta hi vivia un vanitós: 

 

- Ah!, ah! Mira, la visita d'un admirador! - va exclamar de lluny el vanitós així que va veure el petit príncep.

 

 Perquè, pels vanitosos, els altres homes són admiradors.

 

- Bon dia - va dir el petit príncep -. Porteu un barret molt divertit.

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- És per saludar - li va respondre el vanitós -. És per saludar quan m'aclamen. Malauradament per aquí no hi passa mai ningú.

 

- ¿ Ah sí ? - va dir el petit príncep, que no ho havia entès.

 

- Pica de mans, l'una contra l'altra - li va aconsellar aleshores el vanitós.

 

El petit príncep va picar de mans. El vanitós va saludar modestament alçant el barret.

 

- Això és més divertit que la visita al rei - es va dir a si mateix el petit príncep. I va tornar a picar de mans. El vanitós va tornar a saludar alçant el barret.

 

Al cap de cinc minuts d'exercici el petit príncep es va cansar de la monotonia del joc.

 

- I perquè caigui el barret - va preguntar -, ¿ què s'ha de fer ?

 

Però el vanitós no el va sentir. Els vanitosos només senten les alabances.

 

- ¿ Realment m'admires molt ? - va preguntar al petit príncep.

 

- ¿ Què vol dir admirar ?

 

- Admirar vol dir reconèixer que sóc l'home més ben plantat, més ben vestit, més ric i més intel·ligent del planeta.

 

- Però si només hi ets tu sol, al teu planeta!

 

- Fes-me aquest favor. Admira'm de totes maneres!

 

- T'admiro - va dir el petit príncep, arronsant una mica les espatlles -, ¿però de què et pot servir, això ?

 

I el petit príncep se'n va anar

 

"Decididament, les persones grans són molt estranyes", es va dir a si mateix durant el viatge.

 

Capítol XII 

Al planeta següent hi vivia un bevedor. Aquesta visita va ser molt curta, però va fer caure el petit príncep en una gran malenconia: 

 

- ¿ Què hi fas aquí ? - va dir al bevedor, que va trobar instal·lat en silenci davant d'una col·lecció d'ampolles buides i d'una col·lecció d'ampolles plenes.

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- Bec - va respondre el bevedor amb aire lúgubre.

 

- ¿ Per què beus ? - li va preguntar el petit príncep.

 

- Per oblidar - va respondre el bevedor.

 

- ¿ Per oblidar que ? - va voler saber el petit príncep, que ja el planyia.

 

- Per oblidar que tinc vergonya - va confessar el bevedor, acotant el cap.

 

- ¿ Vergonya de què ? - va demanar el petit príncep, que tenia ganes d'ajudar-lo.

 

- Vergonya de beure! - va concloure el bevedor, que es va tancar definitivament en silenci.

 

I el petit príncep se'n va anar, perplex.

 

"Decididament, les persones grans són estranyíssimes", es deia a si mateix durant el viatge.

 

 

Capítol XIII 

El quart planeta era d'un home de negocis. Aquest home estava tan enfeinat que ni tan sols va aixecar el cap quan va arribar el petit príncep. 

 

- Bon dia - li va dir aquest -. Teniu el cigarret apagat.

 

- Tres i dos fan cinc. Cinc i set, dotze. Dotze i tres, quinze. Bon dia. Quinze i set, vint-i-dos. Vint-i-dos i sis, vint-i-vuit. No tinc temps d'encendre'l. Vint-i-sis i cinc, trenta-un. Uf! O sigui que són cinc-cents un milions sis-cents vint-i-dos mil set-cents trenta-un.

 

- ¿Cinc-cents milions de què ?

 

- ¿ Eh ? ¿ Encara ets aquí ? Cinc-cents un milions de... Ja no ho sé... Tinc tanta feina ! Sóc seriós, jo, no m'entretinc amb bestieses ! Dos i cinc, set...

 

- ¿ Cinc-cents un milions de què ? - va repetir el petit príncep, que no havia renunciat mai de la vida a una pregunta, un cop l'havia feta.

 

L'home de negocis va aixecar el cap:

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- Fa cinquanta-quatre anys que visc en aquest planeta i només he estat destorbat tres vegades. La primera, fa vint-i-dos anys, va ser un borinot que vés a saber d'on havia caigut. Feia un soroll espantós i em vaig equivocar quatre vegades en una suma. La segona vegada, fa onze anys, va ser un atac de reuma. No faig prou exercici. No tinc temps de passejar. Sóc seriós, jo. La tercera... és aquesta! Deia, doncs, cinc-cents un milions...

 

- ¿ Milions de què ?

 

L'home de negocis va entendre que no hi havia cap esperança de pau:

 

- Milions d'aquestes cosetes que es veuen de vegades al cel.

 

- ¿ Mosques ?

 

- No, home, no, unes cosetes que brillen.

 

- ¿ Abelles ?

 

- No. Unes cosetes daurades que fan somiar els ganduls. Però sóc una persona seriosa, jo! No tinc temps de somiar.

 

- Ah!, ¿estels?

 

- Això mateix. Estels.

 

- ¿ I què fas amb els cinc-cents milions d'estels ?

 

- Cinc-cents un milions sis-cents vint-i-dos mil set-cents trenta-un. Sóc seriós, jo, sóc precís.

 

- ¿ I que en fas dels estels ?

 

- ¿ Que què en faig ?

 

- Sí.

 

- Res. Els posseeixo.

 

- ¿ Posseeixes els estels ?

 

- Sí.

 

- Però si ja he vist un rei que...

 

- Els reis no posseeixen res. "Regnen sobre". És molt diferent.

 

- ¿ I de què et serveix posseir els estels ?

 

- Em serveix per ser ric.

 

- ¿ I de què et serveix ser ric ?

 

- Per comprar altres estels, si algú en troba.

 

"Aquest", es va dir el petit príncep, "raona una mica com el borratxo"

 

Però li va continuar fent preguntes:

 

- ¿ Com es poden posseir els estels ?

 

- ¿ De qui són ? - va replicar, malcarat, l'home de negocis.

 

- No ho sé. De ningú.

 

- Doncs aleshores són meus, jo hi he pensat primer.

 

- I ja n'hi ha prou ?

 

- És clar. Quan et trobes un diamant que no és de ningú, és teu. Quan et trobes una illa que no és de ningú, és teva. Quan ets el primer que té una idea, la fas patentar: és teva. I jo posseeixo els estels, perquè ningú abans que jo, no ha pensat a posseir-los.

 

- Es ben cert - va dir el petit príncep -. ¿ I què en fas ?

 

- Els administro. Els compto i els recompto - va dir l'home de negocis -. És difícil. Però sóc un home seriós!

 

El petit príncep encara no estava satisfet.

 

- Jo, si tinc un mocador, me'l puc posar al voltant del coll i endur-me'l. Si tinc una flor, la puc collir i endur-me-la, Però tu no pots collir els estels!

 

- No, però els puc dipositar al banc.

 

- Què vol dir això ?

 

- Vol dir que escric en un paperet la quantitat d'estels que tinc. I després tanco aquest paper amb clau en un calaix.

 

- ¿ I ja està ?

 

- Ja n'hi ha prou !

 

"Ës divertit", va pensar el petit príncep. "És bastant poètic. Però no és gaire seriós".

 

El petit tenia unes idees sobre les coses serioses molt diferents de les persones grans.

 

- Jo - va afegir -, tinc una flor i la rego cada dia. Tinc tres volcans i els escuro cada setmana. Perquè també escuro el que està apagat. No se sap mai. Els és útil als volcans i li és útil a la flor, que jo els posseeixi. Però tu no ets útil als estels.

 

L'home de negocis va obrir la boca però no va saber què respondre, i el petit príncep se'n va anar.

 

"Decididament, les persones grans són d'allò més extraordinàries", es deia a si mateix durant el viatge.

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Daniel Miralles Daniel Miralles - en Literatura
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...Hi ha moltes coses per sentir...

 

 

 

The Raven Boys, MAGGIE STIEFVATER

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"Dues coses donen sentit a la vida: els llibres i l'amor".

 

JOEL DICKER

 

I wonder

"I wonder how many times you've been had

And I wonder how many plans have gone bad

I wonder how many times you had sex

And I wonder do you know who'll be next

I wonder I wonder wonder I do"

 

Rodriguez

 

Un dels meus llibres preferits

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...Al cap i a la fi, fer-se gran és qüestió d'aprendre a mantenir-se en el bàndol dels que riuen...

 

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